{"id":3035,"date":"2007-09-11T12:17:06","date_gmt":"2007-09-11T12:17:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mst\/2007\/09\/11\/vivencias-del-movimento-sem-terra\/"},"modified":"2017-10-02T21:40:20","modified_gmt":"2017-10-02T21:40:20","slug":"vivencias-del-movimento-sem-terra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/2007\/09\/11\/vivencias-del-movimento-sem-terra\/","title":{"rendered":"Vivencias del Movimento Sem Terra"},"content":{"rendered":"<p>Ester Mass&oacute; Guijarro- Revista Pueblos<\/p>\n<p>La intenci&oacute;n del presente art&iacute;culo es ofrecer y comentar un ejemplo de lo que se podr&iacute;a denominar socializaci&oacute;n del pensamiento aut&oacute;nomo [1], a saber, una de las m&uacute;ltiples experiencias de convivencia en un asentamiento concreto del Movimento Sem Terra brasile&ntilde;o. Es interesante recurrir a experiencias sociales tan rotundas como la del MST para ayudarnos a reflexionar, en un di&aacute;logo conjunto de las ciencias sociales con la filosof&iacute;a, sobre las nutridas alternativas de organizaci&oacute;n y estrategias de combate a la globalizaci&oacute;n socioecon&oacute;mica, que est&aacute;n operando como contrapoderes f&aacute;cticos crecientes especialmente en los &aacute;mbitos del sur (&Aacute;frica y Am&eacute;rica Latina) [2].<\/p>\n<p><\/p>\n<p>A modo de previo sobre el MST: la condici&oacute;n pol&iacute;tica de la ocupaci&oacute;n <\/p>\n<p>Mucho se ha escrito en torno al Movimento Sem Terra (MST) y, sin duda, seguir&aacute; haci&eacute;ndose con profundidad muy superior de la que puedo expresar en este breve texto. No pretendo detallar ni la historia original del MST, ni su conflictiva relaci&oacute;n con el gobierno brasile&ntilde;o, ni un conjunto de conclusiones generalizables a todos los asentamientos de un pa&iacute;s tan vasto como Brasil. Los datos que se ofrecen, pues, y las reflexiones en torno a ellos se circunscriben a mi experiencia concreta en la comunidad citada y, por el momento, no buscan m&aacute;s que la posibilidad de cierta dosis de pensamiento aut&oacute;nomo conjunto en el seno de los muchos encuentros de pensamiento libre que se generan, aqu&iacute; en occidente, all&aacute; en &Aacute;frica o en Am&eacute;rica Latina, el &ldquo;coraz&oacute;n del combate&rdquo; [3] actual entre otros.<\/p>\n<p>Mi inter&eacute;s por hacer confluir, en mutuo di&aacute;logo, la filosof&iacute;a con las ciencias sociales (la antropolog&iacute;a especialmente, debido a su versatilidad) se inscribe asimismo en mi convencimiento de la riqueza que existe en toda hibridaci&oacute;n y mi rechazo de los purismos epistemol&oacute;gicos y metodol&oacute;gicos, as&iacute; como de las poco porosas fronteras departamentales de la academia.<\/p>\n<p>El empleo de experiencias antropol&oacute;gicas (y etnogr&aacute;ficas) concretas, es decir, la recurrencia a la realidad tangible como pretexto para la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica (desde la filosof&iacute;a pol&iacute;tica especialmente, pero no s&oacute;lo) me parece una de las v&iacute;as m&aacute;s fruct&iacute;feras del pensamiento que hoy nos cabe ensayar.<\/p>\n<p>Las comunidades brasile&ntilde;as del MST est&aacute;n motivadas en primera instancia, como indica su nombre, por la carencia inicial de tierras en un orden social que las ubica en el estamento m&aacute;s empobrecido (a menudo en los suburbios de las grandes ciudades) y que les ha empujado, desde hace d&eacute;cadas, al desarrollo de la estrategia que constituye esta peculiar experiencia social. En otras palabras, las comunidades del MST no se conforman en torno a una identidad &eacute;tnica, religiosa o nacional sino, acaso, social y de clase; m&aacute;s sencillamente, por necesidad, una necesidad que en su caso no es s&oacute;lo supervivencial sino de dignidad social; un requerimiento moral y simb&oacute;lico, por tanto.<\/p>\n<p>Se ha debatido mucho sobre la condici&oacute;n pol&iacute;tica, en el sentido tradicionalmente fuerte del t&eacute;rmino, de la conducta de ocupaci&oacute;n del MST. La principal disputa se establece en torno a la versi&oacute;n de la invasi&oacute;n de tierras, lo que implica un comportamiento violento por parte de los actores sociales, frente a la interpretaci&oacute;n m&aacute;s fiel de la ocupaci&oacute;n, que se realiza sin violencia y sin menoscabo directo de ning&uacute;n agente particular. Mi opini&oacute;n, y la explicaci&oacute;n que hallo m&aacute;s honestamente pr&oacute;xima a la realidad, es que el MST no ha llevado a cabo invasiones violentas de tierras en ning&uacute;n caso: no se ha expulsado a ninguna poblaci&oacute;n previa; no se ha esquilmando, expropiado o expoliado ning&uacute;n poblado, cosecha o atribuci&oacute;n ajenas.<\/p>\n<p>El hecho palmario y exclusivo en el que consiste la ocupaci&oacute;n es el uso de latifundios no cultivados, ni habitados ni aprovechados de ning&uacute;n modo visible durante muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, para la vida y la producci&oacute;n de las nuevas comunidades. Estos latifundios tienen un due&ntilde;o legal, naturalmente, por lo general en la persona de grandes propietarios; pero, insisto, llevaban largo tiempo sin ser empleados de forma alguna. Las personas del MST afirman que act&uacute;an como lo hacen porque hay &ldquo;muitas fam&iacute;lias sem terra e muitas terras sem fam&iacute;lia&rdquo; [4].<\/p>\n<p>Tanto activistas como te&oacute;ricos han acu&ntilde;ado una condici&oacute;n pol&iacute;tica y una definici&oacute;n de la apropiaciones territoriales del MST, desde la ciencia social, bien diferente como dec&iacute;a de la de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; (por las razones aludidas) y m&aacute;s pr&oacute;xima a las de desobediencia civil y la ocupaci&oacute;n c&iacute;vico-social al modo occidental (aqu&iacute; llamado &ldquo;movimiento okupa&rdquo; y desarrollado en &aacute;mbitos urbanos, aunque tambi&eacute;n auspiciado por motivos socioecon&oacute;micos estructurales en muchos casos). La ocupaci&oacute;n territorial del MST, que no busca la propiedad exclusiva sino m&aacute;s bien el usufructo que permita la vida y la dignidad, que no emplea la violencia directa ni ofensiva, que no viola ning&uacute;n derecho humano b&aacute;sico, est&aacute; cimentada en ciertos pilares reinventados de socialismo y comunismo cristiano (heredero de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n), y representa hoy una de las m&aacute;s viv&iacute;simas alternativas, a mi juicio, de convivencia sostenible (social y econ&oacute;micamente) en la globalizaci&oacute;n neoliberal. Dicho de otro modo, creo que nos hallamos frente a un potente c&aacute;ncer para el capitalismo: las tierras del MST no se compran ni se venden; s&oacute;lo se cultivan y se &ldquo;viven&rdquo;. Por ende, dentro de las comunidades no se maneja dinero para el intercambio, sino que &eacute;ste se realiza directamente entre productos en una recuperaci&oacute;n del valor de uso frente al valor de cambio. Salud y larga vida al Movimento Sem Terra.<\/p>\n<p>&nbsp;San Miguel de Itaip&uacute;: el nombre propio de una experiencia comunitaria <\/p>\n<p>La formaci&oacute;n de la comunidad de San Miguel de Itaip&uacute; atraves&oacute;, como es habitual en la actuaci&oacute;n del MST, varias fases procedimentales. Hace aproximadamente una d&eacute;cada los primeros grupos de personas acamparon en las tierras cercanas a Foz do Igua&ccedil;&uacute;, casi en la frontera con Paraguay y Argentina, junto a las famosas cataratas rutilantes (expropiadas sin tanta discusi&oacute;n, por cierto, a los nativos guaran&iacute;es hace tiempo). La primera fase consiste, pues, en un &ldquo;acampamento&rdquo;, con todas las incomodidades y dificultades de carencias a todos los niveles: construcciones, cultivos, organizaci&oacute;n&#8230; Esto no resulta humanamente m&aacute;s duro, sin embargo, que la humillante vida en una favela&hellip;, y adem&aacute;s cuenta con el elemento de la propia dignidad; insisto en lo primordial de la dignidad que hay en la autonom&iacute;a (vital, laboral, de cualquier &iacute;ndole), y de la dignidad irrenunciable para que la identidad no quede profundamente derrotada. La gente del MST ahora cuenta con un trozo de tierra y una vida m&aacute;s sana, m&aacute;s alegre, &ldquo;llena de alegr&iacute;a, la mayor riqueza que hay&rdquo;, nos dec&iacute;a uno de los informantes [5]. Se observa la congruencia entre la dignidad y la utilidad en una existencia no exenta de dureza, ni mucho menos, pero s&iacute; de opresi&oacute;n y sumisi&oacute;n; pienso que la gran fuerza simb&oacute;lica y pol&iacute;tica del MST se halla en estos elementos, como tratar&eacute; de expresar en las reflexiones m&aacute;s adelante.<\/p>\n<p>Durante a&ntilde;os se convive, pues, ensayando el di&aacute;logo y trabaj&aacute;ndolo como primera herramienta , en tiendas de campa&ntilde;a hechas con pl&aacute;sticos y palos de madera, mientras se realizan las primeras construcciones, se trazan los primeros proyectos de cultivo comunitario y se compone el orden de administraci&oacute;n de peque&ntilde;os pedazos de tierra a familias y personas concretas. La fase de &ldquo;acampamento&rdquo; puede ser larga y constituye un proceso de generaci&oacute;n de h&aacute;bitos comunitarios; como nos dec&iacute;a uno de sus moradores, anciano ya, &ldquo;no es una conquista de tierra sino de amigos&rdquo;, que quieren acostumbrarse los unos con los otros a trabajar juntos, a luchar juntos.<\/p>\n<p>Cuando las personas de San Miguel de Itaip&uacute; comenzaron su andadura en torno al a&ntilde;o 1996, s&oacute;lo hab&iacute;a veinte familias en las mil hect&aacute;reas de un terreno donde hoy se asientan unas ochenta familias. Apenas quedan hoy personas acampadas, porque se ha constituido ya pr&aacute;cticamente con toda su plenitud la segunda fase: el &ldquo;asentamento&rdquo; o asentamiento. &Eacute;ste es ya un poblado, una &ldquo;ciudad rural&rdquo; si se quiere, una comunidad h&aacute;bilmente organizada donde existe una redistribuci&oacute;n comunitaria de las cosechas, donde cada familia o agente individual disfruta de un trozo de tierra y una casa construida propios (y por ende, no menos importante, una consideraci&oacute;n y un lugar simb&oacute;licos y tangibles en la comunidad), donde existe un reparto de trabajos comunes, un huerto medicinal, una escuela de formaci&oacute;n en especialidades varias, una sala inform&aacute;tica con conexi&oacute;n a la red mundial en sistema Linux, y un sistema decisional asambleario; tambi&eacute;n son &aacute;reas espaciales comunes la iglesia, el campo de f&uacute;tbol o la sala de fiestas.<\/p>\n<p>Hay en el asentamiento una mayor&iacute;a cat&oacute;lica (90 por ciento), con ninguna incidencia seg&uacute;n me relataron de otros cultos tradicionales como el candombl&eacute;. Las uniones de parejas que se practican son de tres tipos: bodas cat&oacute;licas, bodas civiles y &ldquo;parejas libres&rdquo;, de hecho (legitimadas sencillamente mediante la convivencia).<\/p>\n<p>La organizaci&oacute;n del asentamiento se establece en torno a principios socialistas-comunistas de divisi&oacute;n del trabajo e igualdad de g&eacute;nero, seg&uacute;n una perspectiva de conciencia internacional. Cada sector trabaja con un compa&ntilde;ero y una compa&ntilde;era (&ldquo;sin las mujeres la lucha es s&oacute;lo para la mitad&rdquo;, afirman), y funciona un tipo de trueque interfamiliar. Labores como limpiar espacios comunitarios, hacer el pan diario o cocinar son realizadas por voluntarios que rotan los turnos; naturalmente, esta din&aacute;mica resulta exitosa porque la mayor&iacute;a se ofrece voluntaria: es obvio que los sistemas de reciprocidad y redistribuci&oacute;n requieren de una suerte de solidaridad grupal sist&eacute;mica, org&aacute;nica, para sostenerse .<\/p>\n<p>Sobre este aspecto de la solidaridad, es importante rese&ntilde;ar que se observa con frecuencia el voluntariado de personas ajenas en un principio al MST (sector burgu&eacute;s o acomodado de zonas urbanas, por ejemplo; tambi&eacute;n internacional), que durante periodos m&aacute;s o menos largos, o incluso de forma definitiva, se unen al movimiento para colaborar de modos diversos (en formaci&oacute;n, por ejemplo, poniendo al servicio de la comunidad sus posibles especialidades). Durante mi estancia conoc&iacute; al menos a dos personas en esta situaci&oacute;n, que de modo temporal durante unos meses estaban dando clases voluntariamente en la escuela del asentamiento; afirmaron estar &ldquo;sintiendo la tentaci&oacute;n&rdquo; de quedarse.<\/p>\n<p>Uno de los elementos m&aacute;s importantes de San Miguel de Itaip&uacute;, que acabo de mencionar, es su escuela; &eacute;sta, denominada &ldquo;Florest&aacute;n Fernandes&rdquo; (en honor del gran educador, pedagogo y comprometido activista social en el MST que fue Fernandes), se dedica a la formaci&oacute;n en las diferentes especialidades y t&eacute;cnicas comunitarias (cinco o seis dependiendo del caso) y ofrecidas no s&oacute;lo a los habitantes de la propia comunidad sino tambi&eacute;n a otras. Es decir, se realizan &ldquo;intercambios&rdquo; de alumnado para aprovechar las distintas ofertas de comunidades asentadas varias, en la inspiraci&oacute;n de la conexi&oacute;n y el asamblearismo global del MST como movimiento en red. De hecho, durante mis d&iacute;as de convivencia all&iacute; estaba desarroll&aacute;ndose un curso de formaci&oacute;n en agroecolog&iacute;a de tres meses de duraci&oacute;n; un grupo de unos cincuenta j&oacute;venes de ambos sexos pertenecientes a otras comunidades habitaban all&iacute; durante el tiempo correspondiente al curso .<\/p>\n<p>La sala destinada a reuni&oacute;n de asambleas plenarias resulta fundamental para la vivencia comunitaria de la identidad colectiva; adem&aacute;s, es aprovechada para funciones pr&aacute;cticas, como espacio para las clases de los cursos de formaci&oacute;n por ejemplo. Esta sala, ampl&iacute;sima (con sillas y mesas e incluso un peque&ntilde;o escenario), muestra iconos, banderas, s&iacute;mbolos y proclamas varios del MST, claros elementos para la formaci&oacute;n de la cohesi&oacute;n de la identidad.<\/p>\n<p>Otros espacios comunes, contiguos o cercanos a la sala plenaria, son el aserradero (tambi&eacute;n con pilas de lavar y lugares para tender ropa), el comedor y la cocina, el horno para hacer pan o los dormitorios comunitarios (tambi&eacute;n con peque&ntilde;as salitas de lectura y de estar) donde se alojan los estudiantes de otros lugares o los visitantes como nosotros. La buena organizaci&oacute;n en los turnos rotatorios (de limpieza, cocina, etc) es realmente notable, as&iacute; como la disciplina en los horarios (a la hora de acostarse, levantarse, comer o acudir a los trabajos) y el funcionamiento real del m&eacute;todo asambleario. Con respecto a este &uacute;ltimo, por ejemplo, el grupo de j&oacute;venes del taller de formaci&oacute;n operaba en subgrupos que elaboraban distintas propuestas de acci&oacute;n sobre temas diversos, tras lo que se trataba de consensuar en grupo estrategias y conclusiones (esto sirve de &ldquo;entrenamiento&rdquo; para las asambleas posteriores de mayor envergadura ). Tambi&eacute;n de este modo se crean las canciones, himnos o proclamas del MST; algunos de ellos, mostrados en carteles que decoran la sala de plenos, rezan consignas tales como: &ldquo;companheirismo&rdquo;, &ldquo;resist&ecirc;ncia&rdquo;, &ldquo;organizidade&rdquo;, &ldquo;projecto popular&rdquo;, &ldquo;esper&acirc;n&ccedil;a&rdquo;, o &ldquo;multiplicar a base da organiza&ccedil;ao, tomar a conci&ecirc;ncia para fazer transforma&ccedil;ao&rdquo; .<\/p>\n<p>El sector de salud comunitaria (una de las posibles especialidades de formaci&oacute;n) promueve una pr&aacute;ctica de la salud alternativa a occidente y tradicional. Se cultiva un huerto medicinal y se gestiona una farmacia altamente diversificada, con atenci&oacute;n diaria a la comunidad; cada diez familias hay un t&eacute;cnico de salud comunitaria. Los t&eacute;cnicos en agroecolog&iacute;a (uno por cada cincuenta familias) se ocupan, por su parte, de la propuesta, diversificaci&oacute;n y gesti&oacute;n de cultivos ecol&oacute;gicos, que operan adem&aacute;s de recuperadores de semillas tradicionales aut&oacute;ctonas: los frijoles, el ma&iacute;z, el arroz&#8230; Se favorece el barbecho como medida ecol&oacute;gica de descanso de la tierra y se pretende reducir al m&aacute;ximo el uso de agroqu&iacute;micos. La pesca que se realiza est&aacute; asimismo limitada a unos m&aacute;rgenes sostenibles y el respeto a los ciclos de reproducci&oacute;n para evitar la esquilmaci&oacute;n de las lagunas.<\/p>\n<p>Como afirman ellos mismos, &ldquo;para ser libre, la gente tiene que tener su propia producci&oacute;n de semillas&rdquo;, no depender del arbitrio del mercado; la gente ser&aacute; libre el d&iacute;a que tenga alimentaci&oacute;n saludable, dicen, sin depender de grandes empresas multinacionales. Resulta asombrosa la alta conciencia que muestran los habitantes de San Miguel de Itaip&uacute; con los que me relacion&eacute; sobre la realidad internacional actual, las implicaciones pol&iacute;ticas, sociales y econ&oacute;micas de la globalizaci&oacute;n neoliberal, las intenciones profundas de organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional y, en general, los abusos estructurales a los que los pueblos de Am&eacute;rica Latina (Brasil en concreto) se ven diariamente sometidos. Ellos y ellas son lo m&aacute;s alejado del lumpen proletariado del que se lamentaba Bertolt Brecht hace d&eacute;cadas, son aut&eacute;nticos expertos de su realidad, de su situaci&oacute;n&#8230; muestran en s&iacute; mismos el poder transformador de la toma de conciencia, del conocimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;Reflexiones: la bondad social sostenible en los tiempos globalizados <\/p>\n<p>&ldquo;El futuro pertenece a los pueblos, no a los imperios&rdquo; (Paulo Freire)<\/p>\n<p>Antes de comenzar a concluir quisiera advertir sobre la apariencia de un exceso de optimismo por mi parte ante la experiencia del MST, o acaso una visi&oacute;n que pudiera antojarse irrealmente ben&eacute;vola. Pienso que la presbicia social ante los problemas y los conflictos es casi tan perniciosa como la violencia activa; constituye adem&aacute;s a mi juicio, por otro lado, una de las epidemias de nuestros tiempos. He tratado de evitar sin embargo pecar de pr&eacute;sbita en mi aproximaci&oacute;n al MST; soy consciente, al menos en cierta medida, de las dificultades del movimiento, que naturalmente no es una estructura perfecta. Los mismos informantes reconoc&iacute;an, por ejemplo, las complicaciones que presenta a menudo el ejercicio del di&aacute;logo (y tal vez a causa de ese reconocimiento son capaces de lidiar con los problemas que acarrea). En cualquier caso, y a pesar como digo de objeciones, obst&aacute;culos (internos y externos), represiones o vaivenes, la experiencia del MST es tan original y tan exitosa en la mayor&iacute;a de los casos que todo acercamiento a su conocimiento me parece inestimable.<\/p>\n<p>El MST puede ser entendido como un raro ejemplo de combinaci&oacute;n de las esferas o &aacute;reas de lo social y lo comunitario; si recordamos la distinci&oacute;n de T&ouml;nnies-Fromm entre las tres esferas relacionales humanas, a saber, la individual, la comunitaria y la social (ambas incluyentes y progresivamente mayores), reconoceremos la gran carencia de la segunda esfera, la comunitaria, que se padece por lo general en sociedades complejas occidentales. Ante una hipertrofia falaz del individuo (digo falaz porque no est&aacute; cimentada en realidad en la autonom&iacute;a, sino en la heteronom&iacute;a &ldquo;mass-medi&aacute;tica&rdquo; m&aacute;s desatada), se desborda la heladora multitud impersonal de la esfera social, enorme, inabarcable para las personas concretas. El &aacute;mbito comunitario, entre una y otra medida, podr&iacute;a operar de charnela solidaria entre el individuo aislado y la sociedad gigante, tambi&eacute;n aislada como concepto hostil; en occidente, sin embargo, y hablo como mujer occidental desalentada de su propia cultura, la brecha se extiende vorazmente, mientras que las tendencias neoliberales de la globalizaci&oacute;n amenazan con trasladar esta misma brecha a sociedades distintas, o al menos distintas hasta el momento.<\/p>\n<p>La experiencia del MST muestra que hay formas diferentes, alternativas, de hacer las cosas, es decir, de gestionar la res publica; que es posible la vida a&uacute;n en un &aacute;mbito rural, que es posible la vida a&uacute;n sin un exceso de lujos burgueses absurdos, que es posible la vida a&uacute;n conociendo el nombre de los vecinos que viven cerca de una misma.<\/p>\n<p>No en vano estudiosos de otras sociedades &ldquo;distintas&rdquo;, en el sentido que intento explicitar, ven con fatales ojos que la &ldquo;democracia neoliberal&rdquo; (es decir, la no-democracia) alcance estos otros mundos; no en vano el gran africanista catal&aacute;n Ferr&aacute;n Iniesta, amante de &Aacute;frica, afirma que no ser&iacute;a m&aacute;s deseable para este continente que hubiera atravesado una &ldquo;revoluci&oacute;n de la Modernidad&rdquo; al modo occidental, y que ahora copiara sus porosas estructuras enfermas . No en vano est&aacute;n fracasando los grandes proyectos occidentales, el exceso de urbanismo o el exceso de tecnolog&iacute;a ciega de humanizaci&oacute;n , mientras en Am&eacute;rica Latina bullen y rebullen contestaciones contestatarias, alternativas como el MST, rebeliones como el Foro Social Mundial.<\/p>\n<p>Me estoy alejando demasiado, sin embargo, del objeto de este texto (y lamento de antemano ante su lectora o lector si el tono ha llegado a ser apocal&iacute;ptico). Regresando a la cuesti&oacute;n, hay un aspecto del MST que conviene comentar con cierto detenimiento, a saber, el elemento de la desobediencia civil que acarrea, y que ya fue mencionado en la introducci&oacute;n. En efecto, pienso que el MST constituye en buena medida, y entre otras cosas, un ejercicio o experimento de desobediencia civil. &Eacute;sta, desde siempre (&iexcl;S&oacute;crates!) y por supuesto desde la radical defensa de Henry David Thoreau, no ha dejado de ser leg&iacute;timamente admisible dentro de la democracia, considerada incluso una pr&aacute;ctica esencialmente dem&oacute;crata ya que el desobediente act&uacute;a en conciencia y ateni&eacute;ndose a las posibles posteriores sanciones legales de su sistema. Pero, a pesar de este reconocimiento basal de legitimidad, siempre que nos topamos con un nuevo ejemplo de desobediencia civil conviene evaluar la bondad del caso concreto; en el que me ocupa, creo que se puede afirmar con rotundidad la legitimidad de la acci&oacute;n, la legitimidad, en fin, de la desobediencia en la ocupaci&oacute;n territorial por parte del MST.<\/p>\n<p>Como se ha dicho , el deber c&iacute;vico de obediencia al Estado soberano en una democracia representativa decrece en proporci&oacute;n directa al decrecimiento del v&iacute;nculo entre representante y representado; si la gente del MST no se siente debidamente atendida por el gobierno brasile&ntilde;o, de forma sistem&aacute;tica, hist&oacute;rica y estructural, entonces es justo pensar que su obligaci&oacute;n de lealtad sea tambi&eacute;n peque&ntilde;a. A este respecto, adem&aacute;s, cabe mencionar que en efecto las relaciones entre el MST y el gobierno brasile&ntilde;o han llegado a ser en ocasiones de alta conflictividad, a causa de las represiones extraordinaria e innecesariamente violentas por parte del segundo hacia el primero; como se indic&oacute; m&aacute;s arriba, la &uacute;nica violencia que ha llegado a desarrollar el MST ha sido exclusivamente defensiva.<\/p>\n<p>El MST ha propuesto modelos de vida sostenibles ecol&oacute;gica y socialmente; lleva d&eacute;cadas funcionando, y resiste. Constituye tambi&eacute;n a mi juicio una reinvenci&oacute;n del socialismo adaptado a un medio eminentemente rural (m&aacute;s all&aacute; de la aplicaci&oacute;n urbana del marxismo m&aacute;s cl&aacute;sico; como sabemos, Marx no escrib&iacute;a para los campesinos, por otro lado tradicionalmente conservadores, sino para los proletarios y desde la asunci&oacute;n de un alto grado de industrializaci&oacute;n urbana). Por ende, hay en el MST un potente reconocimiento y una b&uacute;squeda activa de la igualdad en aspectos de g&eacute;nero, as&iacute; como una asunci&oacute;n de la importancia de las funciones simb&oacute;licas para la formaci&oacute;n de la identidad grupal (comunitaria, regresando a la segunda esfera de T&ouml;nnies-Fromm). Esta &uacute;ltima cuesti&oacute;n no es ni mucho menos balad&iacute;: otra m&aacute;s de las crecientes carencias en las sociedades complejas occidentales es la p&eacute;rdida de lo simb&oacute;lico (con la consecuente p&eacute;rdida de referencias identitarias compartidas) o, peor a&uacute;n, el recurso a sistemas simb&oacute;licos violentos y totalitarios. La m&iacute;stica es necesaria para la identidad humana, mas no forzosamente en la forma de una m&iacute;stica religiosa exclusivista ni, desde luego, de una m&iacute;stica de la trascendencia justificadora de toda injusticia o desigualdad (como ha sido tan frecuente).<\/p>\n<p>En definitiva, creo que puede considerarse la experiencia de los Sem Terra brasile&ntilde;os como una formidable pr&aacute;ctica de transformaci&oacute;n social , una pr&aacute;ctica alternativa de &ldquo;socializaci&oacute;n del combate&rdquo;, una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica en el camino de otro mundo posible, de generaci&oacute;n de contrapoderes capaces de enfrentarse, no destruyendo sino efectivamente construyendo y transformando, al poder ubicuo, multifactorial y an&oacute;nimo del neoliberalismo en el planeta globalizado.<\/p>\n<p>Con respecto a la conexi&oacute;n entre la antropolog&iacute;a y esta reflexi&oacute;n, de &iacute;ndole m&aacute;s filos&oacute;fica o especulativa, llevada a cabo sobre la experiencia del MST, no quisiera dejar de matizar ciertos aspectos, ciertas voluntades propias. Una vez m&aacute;s podemos emplear la antropolog&iacute;a, la mirada etnogr&aacute;fica concretamente, como plataforma para ser voceros, aunque seamos s&oacute;lo y siempre humildes voceros. Una vez m&aacute;s la antropolog&iacute;a muestra su vocaci&oacute;n m&aacute;s genuina y depurada, a saber, la de contemplar e intentar comprender las texturas del mundo, las palabras culturales, las vidas sociales de los pueblos. M&aacute;s all&aacute; de sus &ldquo;or&iacute;genes coloniales&rdquo;, esta disciplina anhela hoy utilizar su propio m&eacute;todo, su propio utillaje disciplinario y te&oacute;rico, para penetrar en los entramados de las vivencias culturales humanas, entenderlas, dar cuenta de ellas y, por ende, irremediablemente, aprender y ense&ntilde;ar a amarlas.<\/p>\n<p>Quisiera terminar este texto con las palabras de Florest&aacute;n Fernandes a las que las gentes de San Miguel de Itaip&uacute;, transformadoras y creativas combatientes de la bondad social, apelan como una de sus m&aacute;s importantes consignas:<\/p>\n<p>&ldquo;A grandeza de um home se define por sua imagina&ccedil;ao e sem uma educa&ccedil;ao de primeira qualidade a imagina&ccedil;ao &eacute; pobre e incapaz de dar ao homem instrumentos para transformar o mundo&rdquo;<\/p>\n<p>* Ester Mass&oacute; Guijarro es investigadora del departamento de Filosof&iacute;a de la Universidad de Granada.<\/p>\n<p>&nbsp;Referencias bibliogr&aacute;ficas: <\/p>\n<p>&#8211; Eudald Carbonell, A&uacute;n no somos humanos. Propuestas de humanizaci&oacute;n para el tercer milenio, Barcelona, Pen&iacute;nsula Atalaya, 2002. <br \/>&#8211; Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1963. <br \/>&#8211; Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio, Barcelona, Paid&oacute;s, 2002. <br \/>&#8211; John Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revoluci&oacute;n hoy, M&eacute;xico, El Viejo Topo, 2002. <br \/>&#8211; Ferr&aacute;n Iniesta, El planeta negro. Aproximaci&oacute;n hist&oacute;rica a las culturas africanas, Madrid, Los Libros de la Catarata, 1998. <br \/>&#8211; Peter Singer, Democracia y desobediencia, Barcelona, Ariel, 1985. <br \/>&#8211; Boaventura de Sousa Santos: Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n indolente. Contra el desperdicio de la experiencia, Madrid, Palimpsesto, 2003. <br \/>&#8211; Agust&iacute;n Squella: &ldquo;&iquest;Quedan preguntas para la filosof&iacute;a del derecho en un mundo globalizado?&rdquo;, ponencia del XXII Congreso Mundial de Filosof&iacute;a del Derecho y Filosof&iacute;a Social, celebrado en Granada (Espa&ntilde;a) del 24 al 29 de mayo de 2005.<\/p>\n<p>Notas:<br \/>[1] Con la socializaci&oacute;n del pensamiento aut&oacute;nomo me refiero a uno de los princiaples objetivos e inspiraciones del Foro Social Mundial (Porto Alegre 2005).<br \/>[2] Este art&iacute;culo se present&oacute; en forma de comunicaci&oacute;n en el XII Congreso del Foro Estudiantil Latinoamericano de Antropolog&iacute;a y Arqueolog&iacute;a, celebrado del 24 al 30 de julio en la Universidad del Cauca, Popay&aacute;n (Colombia). Tanto las vivencias que se narran como los datos relacionados son fruto de la observaci&oacute;n etnogr&aacute;fica directa llevada a cabo por la autora durante la breve estancia de convivencia durante el mes de febrero de 2005.<br \/>[3] La expresi&oacute;n es de Fanon (Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1963, p. 16): &ldquo;hay que abandonar la costumbre, ahora que estamos en el coraz&oacute;n del combate&rdquo;.&nbsp;<br \/>[4] Cuando se realicen citas sobre las personas del MST sin especificar m&aacute;s datos, enti&eacute;ndase que pertenecen a testimonios recogidos directamente por la autora durante los d&iacute;as de observaci&oacute;n en la comunidad.<br \/>[5] Debo realizar una matizaci&oacute;n sobre la designaci&oacute;n de las personas de San Miguel de Itaip&uacute; con el t&eacute;rmino etnogr&aacute;fico &ldquo;informante&rdquo;; no acabo de sentirme satisfecha con tal denominaci&oacute;n ya que parece reduccionista de la condici&oacute;n personal de estas personas, pero ruego se entienda aqu&iacute; como v&aacute;lida en el contexto de la antropolog&iacute;a y la etnograf&iacute;a. No hay ni el m&iacute;nimo deseo, por supuesto, de menoscabar la rica y generosa identidad personal de todas estas personas; por otro lado, tal designaci&oacute;n favorece tambi&eacute;n el respeto su anonimato, que constituye una de las pautas de rigor en un trabajo antropol&oacute;gico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ester Mass&oacute; Guijarro- Revista Pueblos La intenci&oacute;n del presente art&iacute;culo es ofrecer y comentar un ejemplo de lo que se podr&iacute;a denominar socializaci&oacute;n del pensamiento aut&oacute;nomo [1], a saber, una de las m&uacute;ltiples experiencias de convivencia en un asentamiento concreto del Movimento Sem Terra brasile&ntilde;o. Es interesante recurrir a experiencias sociales tan rotundas como la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2],"tags":[6],"class_list":["post-3035","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-publicaciones","tag-articulos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3035","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3035"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3035\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4097,"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3035\/revisions\/4097"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3035"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3035"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3035"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}