{"id":2987,"date":"2007-04-24T12:50:12","date_gmt":"2007-04-24T12:50:12","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mst\/2007\/04\/24\/intelectuales-del-norte-opinando-sobre-el-sur\/"},"modified":"2017-10-02T21:40:35","modified_gmt":"2017-10-02T21:40:35","slug":"intelectuales-del-norte-opinando-sobre-el-sur","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/2007\/04\/24\/intelectuales-del-norte-opinando-sobre-el-sur\/","title":{"rendered":"Intelectuales del Norte opinando sobre el Sur"},"content":{"rendered":"<p>Ra&uacute;l Zibechi, miembro del Consejo de Redacci&oacute;n del semanario Brecha&nbsp; de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de Am&eacute;rica Latina, y asesor a varios grupos&nbsp; sociales. ALAI AMLATINA, Montevideo.-<br \/>&nbsp; <br \/>A diestra y siniestra, intelectuales del Primer Mundo suelen desgranar an&aacute;lisis y proyecciones, cr&iacute;ticas y apolog&iacute;as sobre diferentes aspectos pol&iacute;tico-sociales de Am&eacute;rica Latina. Entre los que se ubican en la izquierda, abundan las simplificaciones y las &ldquo;bajadas de l&iacute;nea&rdquo; sobre lo que deber&iacute;an hacer las izquierdas y los movimientos sociales.<\/p>\n<p>Es casi un lugar com&uacute;n entre los intelectuales del Primer Mundo considerar que en Am&eacute;rica Latina el p&eacute;ndulo est&aacute; oscilando hacia la izquierda. Se ha extendido la opini&oacute;n de que nuestro continente es hoy una suerte de laboratorio de alternativas, que no pocos ven con entusiasmo y esperanza, quiz&aacute; como contrapartida de la situaci&oacute;n poco atractiva que viven en sus propios pa&iacute;ses, donde potentes movimientos &ndash;como el que gan&oacute; las calles hace pocos a&ntilde;os contra la guerra en Irak&ndash; lucen hoy desfibrados y aletargados.<\/p>\n<p>Sin la menor pretensi&oacute;n de agotar el tema, un breve repaso a recientes art&iacute;culos de un pu&ntilde;ado de intelectuales &ndash;los estadounidenses Noam Chomsky y James Petras, el franc&eacute;s Alain Touraine y los autores de Imperio, Michael Hardt y Toni Negri&ndash; es suficiente para desvelar tanto el predominio de un an&aacute;lisis simplificador que reh&uacute;ye las complejidades por las que atraviesa Am&eacute;rica Latina, como el traslado a realidades lejanas de problemas dom&eacute;sticos del Primer Mundo.<\/p>\n<p>La reducci&oacute;n a lo simple<\/p>\n<p>En un reciente art&iacute;culo titulado &ldquo;Am&eacute;rica Latina: cuatro bloques de poder&rdquo; (La Jornada, 10-III-07) Petras sostiene que a nivel de organizaciones la &ldquo;izquierda radical&rdquo; del continente se reduce a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En ese mismo bloque incluye a &ldquo;sectores&rdquo; de movimientos urbanos y campesinos de Venezuela, de El Alto (Bolivia), del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, as&iacute; como parte de los movimientos sociales de Ecuador, M&eacute;xico, Per&uacute; y Argentina. El segundo bloque est&aacute; formado por lo que denomina como &ldquo;izquierda pragm&aacute;tica&rdquo;, entre las que destaca a Hugo Ch&aacute;vez, Evo Morales y Fidel Castro, adem&aacute;s de los grandes partidos de izquierda de Centroam&eacute;rica y Sudam&eacute;rica, los dirigentes del MST de Brasil, la central sindical CTA de Argentina, el PRD de M&eacute;xico y el MAS de Bolivia. Los considera pragm&aacute;ticos porque &ldquo;no hacen un llamado a la expropiaci&oacute;n del capitalismo ni al rechazo de la deuda ni a ruptura alguna de relaciones con Estados Unidos&rdquo;.<\/p>\n<p>Sorprende, por ejemplo, que Petras incluya en la misma bolsa al presidente cubano y al PRD mexicano, uno de los partidos m&aacute;s moderados de la izquierda continental. M&aacute;s aun, cree que Ch&aacute;vez es un radical pragm&aacute;tico que Estados Unidos &ldquo;puede acomodar&rdquo;, y sostiene que Cuba ya no es radical porque &ldquo;le tendi&oacute; la mano diplom&aacute;tica a Uribe (presidente de Colombia), rechaza la izquierda revolucionaria de las FARC y respalda en p&uacute;blico a neoliberales como Lula da Silva, N&eacute;stor Kirchner y Tabar&eacute; V&aacute;zquez&rdquo;. En el bloque de los &ldquo;neoliberales pragm&aacute;ticos&rdquo; ubica a estos tres mandatarios y, sin mencionarlo, al actual presidente de Ecuador, Rafael Correa. En el cuarto bloque, el de los &ldquo;neoliberales doctrinarios&rdquo;, coloca a Michelle Bachelet (Chile), al presidente mexicano Felipe Calder&oacute;n y al colombiano &Aacute;lvaro Uribe, porque &ldquo;siguen al pie de la letra los dictados de Washington&rdquo;.<\/p>\n<p>Touraine, en un art&iacute;culo publicado en la revista Nueva Sociedad (Caracas, setiembre-octubre de 2006) titulado &ldquo;Entre Bachelet y Evo Morales, &iquest;existe una izquierda en Am&eacute;rica Latina?&rdquo;, ensaya una lectura m&aacute;s ambiciosa pero arranca con una afirmaci&oacute;n desconcertante: &ldquo;Las categor&iacute;as de izquierda y derecha pierden sentido en Am&eacute;rica Latina&rdquo;. Descartando este lenguaje, sostiene que el desaf&iacute;o que enfrenta el continente es &ldquo;ubicar las luchas sociales dentro de un marco institucional y democr&aacute;tico&rdquo;, como sucede en Europa y Estados Unidos. Y contin&uacute;a con otra afirmaci&oacute;n tambi&eacute;n sorprendente: &ldquo;Hoy Am&eacute;rica Latina parece m&aacute;s lejos de encontrar una expresi&oacute;n pol&iacute;tica para sus problemas sociales que hace treinta a&ntilde;os&rdquo;.<\/p>\n<p>Para Touraine el principal problema de la izquierda es no haber construido un lazo entre movimientos sociales y partidos pol&iacute;ticos, que ser&iacute;a la clave para su ansiada institucionalizaci&oacute;n de lo social. De un plumazo descarta el amplio abanico que va desde el zapatismo a Lula. Del primero dice que la &ldquo;esperanza nacida del alzamiento zapatista ha desaparecido&rdquo;, y se muestra decepcionado con Lula por su &ldquo;renuncia a elaborar un proyecto a la vez pol&iacute;tico y social del cambio&rdquo;. La conclusi&oacute;n es sencilla: &ldquo;Esto nos obliga a hablar de un fracaso fundamental de las soluciones que podr&iacute;amos llamar de izquierda en el conjunto del continente&rdquo;.<\/p>\n<p>As&iacute; como Petras se empe&ntilde;a en incluir a la fuerza a todo el complejo entramado de la izquierda pol&iacute;tico-social del continente en cuatro categor&iacute;as que suenan antojadizas, Touraine extrapola a nuestro continente una realidad que ha funcionado bien en el suyo pero que &ndash;salvo que se presuponga que todo el mundo debe asumir el recorrido europeo&ndash; no parece evidente que sea el camino adecuado urbi et orbi. Las preguntas se agolpan. &iquest;Creen ambos analistas en la centralidad de lo pol&iacute;tico-partidario cuando todo indica que en Am&eacute;rica Latina las sociedades civiles vienen desbordando estas instituciones? &iquest;Puede seguir siendo la referencia al imperialismo y la actitud hacia la deuda externa la clave de b&oacute;veda para comprender los sinuosos derroteros de los movimientos? El &ldquo;lazo&rdquo; que defiende Touraine entre movimientos y partidos, &iquest;no ha sido en la historia reciente la mejor forma de domesticar a los primeros al subordinarlos a los segundos?<\/p>\n<p>Petras, que se ha distanciado del MST por su &ldquo;pragmatismo&rdquo;, parece no querer asumir que para los sin tierra es positivo el triunfo de Lula, aun sabiendo que no va a promulgar la reforma agraria. Para ese movimiento, que incluye a dos millones de personas en cinco mil asentamientos rurales, no todo puede resumirse en la ruptura con el capitalismo y el no pago de la deuda, entre otras cosas porque tiene que asegurar d&iacute;a a d&iacute;a un m&iacute;nimo de alimentaci&oacute;n a sus miembros. Y, sobre todo, porque su car&aacute;cter antisist&eacute;mico no pasa por &ldquo;hacer un llamado a la expropiaci&oacute;n del capitalismo&rdquo; sino por intentar sobrevivir &ndash;a pesar y dentro del sistema&ndash; intentando no reproducirlo, lo que implica alentar nuevas formas de trabajar, de autoeducarse, de cuidar la salud y un sinf&iacute;n de cuestiones que hacen a la vida cotidiana. Y que tienen escasa relaci&oacute;n con el discurso. La teor&iacute;a revolucionaria cl&aacute;sica ha sido puesta en cuesti&oacute;n por la pr&aacute;ctica de unos cuantos movimientos (sobre todo los ind&iacute;genas de Chiapas y Bolivia y los sin tierra, pero cada vez m&aacute;s por las feministas y otras supuestas &ldquo;minor&iacute;as&rdquo;) en un punto clave: la exigencia de una &ldquo;ruptura&rdquo; con el ancien r&eacute;gime como eje en torno al que deben giran los cambios. La l&oacute;gica binaria reforma-revoluci&oacute;n ha dejado de funcionar hace tiempo para explicar el car&aacute;cter de los procesos sociales.<\/p>\n<p>Mirada euroc&eacute;ntrica<\/p>\n<p>Touraine sostiene que &ldquo;en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses latinoamericanos la desigualdad se ha transformado de tal forma en un dualismo estructural, que el continente parece incapaz de lograr lo que Gran Breta&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, incluidos Estados Unidos y Francia, pudieron crear: algo que va m&aacute;s all&aacute; de la democracia pol&iacute;tica, pero que no la destruye e incluso la refuerza, es decir, una democracia social fundada en el reconocimiento, por la ley o la negociaci&oacute;n colectiva, de los derechos de los trabajadores&rdquo;. Parece abusivo tomar al Primer Mundo como ejemplo de democracia social, por dos razones casi elementales: cada continente y cada pa&iacute;s, en funci&oacute;n de sus propios recursos, crear&aacute; lo que pueda sin necesidad de poner por delante modelos que dif&iacute;cilmente se adapten a estas realidades. Parece dif&iacute;cil hablar de &ldquo;derechos de los trabajadores&rdquo; en un continente donde dos tercios, como m&iacute;nimo, de la fuerza laboral son precarios e informales.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el soci&oacute;logo franc&eacute;s deja de lado algo b&aacute;sico para quien se reclame de izquierda. &iquest;Hasta qu&eacute; punto las &ldquo;democracias sociales&rdquo; europeas, construidas en el per&iacute;odo de los estados benefactores, no han sido lubricadas por el proceso de exportaci&oacute;n de capitales, o sea por el imperialismo? Todo indica que en la mayor parte de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina el primer paso democratizador debe ser la descolonizaci&oacute;n y despatrimonializaci&oacute;n de los estados, que son una clara herencia colonial por donde se los mire. &iquest;No fueron acaso los pa&iacute;ses del Norte y sus trasnacionales los que impidieron que en esta parte del mundo funcionara alguna forma de Estado del bienestar? &iquest;Qui&eacute;nes sustentaron a las elites locales cada vez que corr&iacute;an el riesgo de perder el mango de la sart&eacute;n?<\/p>\n<p>A esta altura de la historia, entre personas de izquierda no deber&iacute;a dedicarse tiempo a explicar que &ldquo;la lucha contra las desigualdades&rdquo; que reclama Touraine, y que ciertamente est&aacute; lejos de avanzar, requiere la ruptura con aquellos que se han beneficiado de esas desigualdades: entre las que destacan las grandes empresas del Primer Mundo, buena parte de ellas europeas, francesas y espa&ntilde;olas. El desarrollismo y el proceso de sustituci&oacute;n de exportaciones colapsaron, entre otras razones, por la actitud de esas empresas y de los gobiernos que las apoyaron. Y eso deber&iacute;a ser casi un lugar com&uacute;n que los intelectuales de izquierda del Norte no deber&iacute;an soslayar.<\/p>\n<p>Mientras Petras cree que las FARC y quienes piensan como ellas son el n&uacute;cleo de la revoluci&oacute;n latinoamericana, Touraine sostiene que ahora &ldquo;el futuro pol&iacute;tico del continente depende de las oportunidades de Bolivia de construir y hacer realidad un modelo de transformaci&oacute;n social y, al mismo tiempo, ganar independencia respecto a la ret&oacute;rica de Ch&aacute;vez&rdquo;. En su opini&oacute;n, es el gobierno de Evo el mejor situado para vincular la lucha por la desigualdad con la lucha por la democracia. Pero no parece que ese gobierno pueda hacer ambas cosas, o alguna de ellas, sin desmontar un Estado colonial que excluye a dos terceras partes de los bolivianos y que sostiene los intereses de empresas del Norte. Las dificultades que encuentra Evo para realizar una efectiva nacionalizaci&oacute;n de los hidrocarburos ense&ntilde;an una triple alianza entre las multinacionales, los gobiernos donde residen y las elites locales. Sin dar ese paso es impensable comenzar a luchar contra las desigualdades.<\/p>\n<p>El papel de la cr&iacute;tica<\/p>\n<p>Demasiado a menudo la mirada de los intelectuales de izquierda del Norte define una agenda que no est&aacute; asentada precisamente en las necesidades, problemas o urgencias del Sur. Es el caso de Negri y Hardt, quienes vienen mostrando sus simpat&iacute;as por los gobiernos progresistas y de izquierda del continente pero desde una mirada bastante ajena a la regi&oacute;n. En una entrevista concedida a BRECHA (16-XII-05), Hardt defiende la tesis de que la importancia de estos gobiernos es que las &ldquo;alianzas de estos pa&iacute;ses pueden provocar transformaciones en las relaciones internas del imperio, que no lo hacen desaparecer pero que consiguen una nueva relaci&oacute;n de fuerzas&rdquo;. En suma, son importantes como forma de frenar a George W Bush y potenciar el multilateralismo que tantos analistas defienden. Lo cual parece evidente que ser&iacute;a muy positivo para la salud de la humanidad y, aun, para los pueblos latinoamericanos. Pero la realidad es harto m&aacute;s compleja: la gente no se ha dedicado a luchar durante d&eacute;cadas para resolver contradicciones del imperio, aunque el resultado bien pueda ser ese.<\/p>\n<p>Incluso alguien tan mesurado y sensato como Chomsky cae a menudo en describir la realidad en negro sobre blanco. En el art&iacute;culo &ldquo;Latinoam&eacute;rica declara su independencia&rdquo; (BRECHA, 20-X-06) se&ntilde;ala que &ldquo;desde Venezuela a Argentina, la regi&oacute;n se alza para derrocar el legado de dominaci&oacute;n externa de los &uacute;ltimos siglos&rdquo;. Sobre esa base concluye que &ldquo;los nuevos programas que se llevan a cabo en Latinoam&eacute;rica est&aacute;n revirtiendo los modelos que se remontan a la conquista espa&ntilde;ola y que se caracterizan por la vinculaci&oacute;n entre las elites latinoamericanas con los poderes imperiales&rdquo;. El aserto refleja m&aacute;s el deseo de ver al imperio derrotado que una realidad constatable.<\/p>\n<p>Incluso un medio tan s&oacute;lido y sensato como Le Monde Diplomatique, dirigido por Ignacio Ramonet, suele lanzar las campanas al vuelo a la hora de celebrar procesos de cambio como el venezolano. El respaldo de Ramonet al gobierno de Ch&aacute;vez, as&iacute; como a la revoluci&oacute;n cubana, forma parte de un compromiso saludable por parte de los intelectuales del Primer Mundo. Pero ese posicionamiento se hace las m&aacute;s de las veces a costa de omitir las cr&iacute;ticas o de dejar pasar orientaciones poco felices como las que muestra el actual debate acerca del &ldquo;socialismo del siglo XXI&rdquo; lanzado por el presidente de Venezuela. Sobre este tema, son precisamente los intelectuales europeos los que est&aacute;n en mejores condiciones para fomentar un debate necesario y urgente, en base a la experiencia del &ldquo;socialismo real&rdquo; y al alud de los consistentes estudios que se han realizado en el viejo continente.<\/p>\n<p>Es cierto que las intelectualidades europea y estadounidense fueron y son fuentes de inspiraci&oacute;n ineludibles para las izquierdas &ndash;pol&iacute;ticas, sociales, acad&eacute;micas, culturales&ndash; latinoamericanas. Pero este continente est&aacute; hoy en condiciones de hacer sus propios an&aacute;lisis y diagn&oacute;sticos y hasta de proponer soluciones, las m&aacute;s de las veces apoyadas en estudios nacidos en el Norte, aunque se registra una creciente &ldquo;autonom&iacute;a epistemol&oacute;gica&rdquo;. Las relaciones interculturales, que de eso se trata, son un desaf&iacute;o por el que apenas comenzamos a transitar. Y uno de los peores efectos que tienen los an&aacute;lisis simplificadores, como los de Petras y Touraine, es el de fomentar entre sus seguidores un conjunto de certezas que no contribuyen a fomentar el debate ni a abrir el juego a la diversidad de opiniones que incluya a todos los involucrados en el cambio social.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ra&uacute;l Zibechi, miembro del Consejo de Redacci&oacute;n del semanario Brecha&nbsp; de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de Am&eacute;rica Latina, y asesor a varios grupos&nbsp; sociales. 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