{"id":2808,"date":"2005-08-23T07:56:42","date_gmt":"2005-08-23T07:56:42","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mst\/2005\/08\/23\/el-derecho-a-matar\/"},"modified":"2017-10-02T21:42:13","modified_gmt":"2017-10-02T21:42:13","slug":"el-derecho-a-matar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/mstmadrid\/2005\/08\/23\/el-derecho-a-matar\/","title":{"rendered":"El derecho a matar"},"content":{"rendered":"<p>Frei Betto.<\/p>\n<p><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.adital.org.br\/asp2\/index.asp?idioma=es\" class=\"fuente\"><\/a><\/p>\n<div class=\"noticia\" id=\"TextoNoticia\" style=\"font-size: 13px; text-align: justify;\">\n<div style=\"text-align: justify;\">Usted sale r\u00e1pido de la cama, se viste con premura, sale corriendo para el trabajo. Usted le prometi\u00f3 a la vieja dama inglesa que terminar\u00eda antes del almuerzo la revisi\u00f3n completa del sistema calefactor de la vivienda. Ahora es el momento propicio, en pleno verano europeo. Ella no sabe de d\u00f3nde vino usted. No sabe que lleg\u00f3 de una tierra mucho m\u00e1s caliente, en el Valle del R\u00edo Dulce, donde se considera fresco estar a 30 grados a la sombra. Por eso, usted conserva la costumbre de vestir de saco. Puede ser que, al regreso, la temperatura baje y usted no puede correr el riesgo de enfermarse, y por eso perder d\u00edas de trabajo; de su oficio depende una familia brasile\u00f1a en el interior de Minas Gerais.<\/div>\n<p>De repente usted escucha un estampido seco, le arde la nuca como si aflorase un tumor en sus hombros, trata de entender qu\u00e9 ocurre -tiempo suficiente para que, todav\u00eda de pie, siete tiros le alcancen en la cabeza. Usted cae muerto.<\/p>\n<p>La gentil dama inglesa quedar\u00e1 a la espera del t\u00e9cnico que prometi\u00f3 terminar de revisar la calefacci\u00f3n. Impaciente, le dir\u00e1 al fondo vac\u00edo de su tacita de t\u00e9, mientras aprieta con sus dedos el asa de porcelana, que tampoco se puede confiar en esos extranjeros, que no quieren trabajar, basta con adelantarles dinero para comprar las piezas de repuesto y ya no se les ve la cara. Aburrida, cansada de esperarlo, la vieja se\u00f1ora enciende la televisi\u00f3n, su compa\u00f1era de soledad, y ve la noticia del atentado abortado gracias a la habilidad de la polic\u00eda brit\u00e1nica. Antes de que la bomba amarrada al cuerpo fuera explotada los polic\u00edas dispararon ocho tiros contra la cabeza del terrorista a\u00fan no identificado. La gentil se\u00f1ora se siente aliviada, protegida, a pesar de la estafa de aquel joven extranjero, con cara de \u00e1rabe, que no cumpli\u00f3 la promesa de revisar el sistema de calefacci\u00f3n.<\/p>\n<p>La cara es de \u00e1rabe y tiene gesto de terrorista. \u00bfPor qu\u00e9 lleva chaqueta en pleno verano? Fue lo que pens\u00f3 el oficial al ver aquel sujeto corriendo en direcci\u00f3n al metro, vistiendo una prenda de abrigo en una ma\u00f1ana tropical de Londres. Y su mirada a los compa\u00f1eros de oficio bast\u00f3 para sentir que los otros dos tambi\u00e9n intuyeron el peligro. Y sintieron igualmente el cosquilleo de la abultada recompensa prometida por el jefe de polic\u00eda a quien evitase un ataque terrorista. Ese tipo no es ingl\u00e9s. Mucho menos escoc\u00e9s o irland\u00e9s. Se ve por el rostro que es afgano o saudita. Si no actuamos r\u00e1pido, en pocos minutos veremos la estaci\u00f3n del metro explotando como una mina repleta de dinamita y pedazos de cuerpos desparramados por todas partes.<\/p>\n<p>La vida, los sue\u00f1os, el amor y el trabajo de Jean Charles de Menezes cesaron en la boca del metro. Siete balas alojadas en el cerebro y una en el hombro. Terrorista matado dispar\u00e1ndole a la cabeza. Primero, para no detonar los explosivos atados a su cuerpo. Segundo, para eliminar esa mente diab\u00f3lica que programa la muerte colectiva de inocentes y sacrifica la propia vida por una causa sin futuro.<\/p>\n<p>Sin futuro, pero no sin pasado. El bienpensar occidental nos acostumbr\u00f3 a encarar los efectos sin preguntarnos por las causas. \u00bfQu\u00e9 es lo que hace a Bin Laden y sus compinches tan abominables? M\u00e1s que sus m\u00e9todos criminales, es el no tener en sus manos un estado poderoso. Si estuvieran sentados en la elegante silla de un jefe de estado nadie los acusar\u00eda de terroristas.<\/p>\n<p>Hemos sido entrenados para tener horror de la acci\u00f3n imprevisible, inesperada, ilegal, que desaf\u00eda la l\u00f3gica y desmoraliza todos los diagn\u00f3sticos estrat\u00e9gicos. Si ellos estuvieran acomodados en un sal\u00f3n oval, dando la se\u00f1al verde para que dos bombas at\u00f3micas fueran arrojadas sobre las tranquilas poblaciones de Hiroshima y Nagasaki, o firmando el decreto que autoriza a la CIA a desestabilizar democracias sudamericanas, a desencadenar la Operaci\u00f3n C\u00f3ndor, aprisionar, torturar y matar a miles de j\u00f3venes idealistas a quienes les encantan los Beatles y aspiran a inmundo m\u00e1s justo, nadie dir\u00eda que se trata de terroristas.<\/p>\n<p>\u00bfHan o\u00eddo hablar de Ahmad Abdullah? Es un muchacho de al-Qaim, peque\u00f1a ciudad situada al oeste de Bagdad. \u00c9l tambi\u00e9n sali\u00f3 corriendo por las calles. Ven\u00eda radiante de la escuela. Llevaba en sus manos el bolet\u00edn de final de curso. Quer\u00eda ense\u00f1\u00e1rselo a sus padres, pues hab\u00eda sacado buenas notas y hab\u00eda aprobado. Una bala de mortero disparada por un soldado made in USA le interrumpi\u00f3 los pasos. Le afect\u00f3 el est\u00f3mago, el h\u00edgado y el p\u00e1ncreas. Una r\u00e1faga de ametralladora hizo ondular sus cabellos lisos, negros, que adquirieron un tono escarlata. Ten\u00eda apenas diez a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>Asesinar en Iraq, en Guant\u00e1namo, en Afganist\u00e1n, no es crimen. Es legal, no provoca horror, se tapa con eufemismos que averg&uuml;enzan la libertad y la democracia. El derecho de matar goza de la protecci\u00f3n c\u00f3mplice de nuestra omisi\u00f3n, esa extra\u00f1a ceguera que nos impide abominar tambi\u00e9n del terrorismo de estado.<\/p>\n<p> Traducci\u00f3n de J.L.Burguet, Adital, 8 agosto 2005<\/p><\/div>\n<p><\/p>\n<div class=\"firma\">Frei Betto<\/div>\n<div><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.adital.org.br\/asp2\/index.asp?idioma=es\" class=\"fuente\">Adital<\/a><br \/>Publicado en www.rebelion.org<\/div>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Frei Betto. 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