{"id":276,"date":"2023-03-08T17:17:45","date_gmt":"2023-03-08T17:17:45","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/colapsando\/?p=276"},"modified":"2024-11-14T19:35:31","modified_gmt":"2024-11-14T19:35:31","slug":"silvia-federici-reencantar-el-mundo-capitulo-7","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.sindominio.net\/colapsando\/silvia-federici-reencantar-el-mundo-capitulo-7\/","title":{"rendered":"Silvia Federici. Reencantar el mundo. Cap\u00edtulo 7"},"content":{"rendered":"\n<p>COMUNES CONTRA Y M\u00c1S ALL\u00c1 DEL CAPITALISMO<br>con George Caffentzis<\/p>\n\n\n\n<p><em>En nuestra opini\u00f3n, no podemos decir simplemente \u00abNo hay comunes sin comunidad\u00bb. Tambi\u00e9n tenemos que decir \u00abNo hay comunes sin econom\u00eda\u00bb, en el sentido de oikonomia, es decir, la reproducci\u00f3n de los seres humanos en el marco del hogar social y natural. As\u00ed pues, la reinvenci\u00f3n de los comunes va ligada a la reinvenci\u00f3n de la econom\u00eda comunal y basada en los comunes.<br>Maria Mies y Veronika Benholdt-Thomsen,<br>The Subsistence Perspective<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro tiempo, los comunes han terminado siendo omnipresentes en el lenguaje pol\u00edtico, econ\u00f3mico e incluso inmobiliario. A izquierda o a derecha, neoliberales o neokeynesianos, conservadores o anarquistas, todos emplean el concepto en sus intervenciones pol\u00edticas. El Banco Mundial lo ha adoptado y, desde abril de 2012, exige que todas las investigaciones realizadas en la instituci\u00f3n o financiadas mediante alguna de sus becas sean de \u00abacceso libre bajo licencias de derecho de autor Creative Commons, un organismo sin \u00e1nimo de lucro cuyas licencias est\u00e1n dise\u00f1adas para adaptarse al mayor acceso a la informaci\u00f3n que brinda Internet\u00bb<sup>1<\/sup>. Hasta uno de los gigantes del neoliberalismo, el semanario The Economist, ha demostrado tener debilidad por ellos, como demuestran los elogios que dirige a Elinor Ostrom, decana de los estudios sobre los comunes y cr\u00edtica del totalitarismo de mercado, tal y como indica el paneg\u00edrico que le dedica el medio en su obituario:<\/p>\n\n\n\n<p>Para Elinor Ostrom, el mundo parec\u00eda abundar en sentido com\u00fan. Si se les deja a su libre albedr\u00edo, los seres humanos averiguar\u00edan formas racionales de sobrevivir y convivir. Aunque las tierras cultivables, los bosques, el agua dulce y las pesquer\u00edas fueran todas ellas finitas, es posible compartirlas sin agotarlas y cuidarlas sin pelearse. Mientras los dem\u00e1s describ\u00edan con pesimismo la tragedia de los comunes y solo eran capaces de imaginarlos como una barra libre para la codicia que provocar\u00eda la sobrepesca y el sobrecultivo, Ostrom, con su llamativa carcajada y sus blusas, todav\u00eda m\u00e1s llamativas, dibuj\u00f3 un paisaje alegre e inconformista<sup>2<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n cuesta ignorar c\u00f3mo se ha prodigado el uso de los t\u00e9rminos \u00abcom\u00fan\u00bb o \u00abbienes comunes\u00bb en el discurso inmobiliario de los campus universitarios, centros comerciales y comunidades cerradas. Las universidades de \u00e9lite, que cuestan al estudiante 50.000 d\u00f3lares al a\u00f1o, llaman a sus bibliotecas \u00abcentros comunes de la informaci\u00f3n\u00bb. Es casi una ley de la sociedad contempor\u00e1nea: cuanto m\u00e1s se ataca a los comunes, m\u00e1s se celebran. En este ensayo, examinamos las razones que fundamentan estos fen\u00f3menos y respondemos a algunas de las principales cuestiones a las que se enfrentan los comuneros anticapitalistas de hoy en d\u00eda: \u00bfa qu\u00e9 nos referimos cuando hablamos de \u00abbienes comunes anticapitalistas\u00bb? A partir de los bienes comunes que hemos creado con nuestras luchas, \u00bfc\u00f3mo podemos idear un nuevo modo de producci\u00f3n que deje de basarse en la explotaci\u00f3n de la mano de obra? \u00bfC\u00f3mo podemos evitar que, en lugar de constituirse en alternativa al capitalismo, la clase capitalista en declive se apropie de los bienes comunes y los convierta en plataformas desde las que volver a acumular su fortuna?<\/p>\n\n\n\n<p>HISTORIA, CAPITALISMO Y COMUNES<\/p>\n\n\n\n<p>Vamos a empezar por ofrecer una perspectiva hist\u00f3rica de los comunes, sin dejar de tener en cuenta que la historia en s\u00ed misma es un bien com\u00fan, incluso aunque revele de qu\u00e9 distintas formas se nos ha dividido, porque la historia est\u00e1 narrada por m\u00faltiples voces. La historia es nuestra memoria colectiva, una extensi\u00f3n de nuestro cuerpo, que nos conecta con un vasto territorio de luchas que da sentido y potencia nuestra pr\u00e1ctica pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia nos ense\u00f1a que la comunalizaci\u00f3n es el principio que han seguido los seres humanos para organizar su existencia en la tierra durante miles de a\u00f1os. Como nos recuerda Peter Linebaugh, apenas ha habido sociedades donde lo com\u00fan no est\u00e9 en su seno<sup>3<\/sup>. Incluso hoy en d\u00eda, los sistemas de propiedad comunales y las relaciones sociales comunalizadoras siguen existiendo en muchos lugares del mundo, especialmente entre los pueblos nativos de Am\u00e9rica Latina, \u00c1frica y Asia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando hablamos de bienes comunes, no estamos entonces hablando \u00fanicamente de una realidad particular o de una serie de experimentos a peque\u00f1a escala, como las comunas rurales de la d\u00e9cada de 1960 en el norte de California, por muy importantes que hayan sido<sup>4<\/sup>. Nos referimos a formaciones sociales de gran escala, que en alg\u00fan momento ocupaban todo un continente, como las redes de comunes de la Am\u00e9rica precolonial, que se extend\u00edan desde la actual Chile hasta Nicaragua o Texas, conectadas por una inmensa matriz de intercambios que inclu\u00edan los dones y el intercambio. En \u00c1frica tambi\u00e9n han resistido hasta hoy los sistemas de propiedad comunal de la tierra, a pesar de la oleada nunca vista de \u00abacaparamientos de tierras\u00bb<sup>5<\/sup>. En Inglaterra, las tierras comunes siguieron teniendo importancia como factor econ\u00f3mico hasta comienzos del siglo xx . Linebaugh calcula que, en 1688, una cuarta parte del territorio de Inglaterra y Gales eran tierras comunes<sup>6<\/sup>. Seg\u00fan se afirma en la und\u00e9cima edici\u00f3n de la Encyclopaedia Britannica, tras m\u00e1s de dos siglos de cercamientos, que supusieron la privatizaci\u00f3n de millones de hect\u00e1reas de tierra, las tierras comunes que quedaban en 1911 sumaban entre 600 mil y 800 mil hect\u00e1reas, apenas el 5 % del territorio ingl\u00e9s. A finales del siglo xx , las tierras comunes segu\u00edan ocupando un 3 % del territorio<sup>7<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas consideraciones son importantes, pero no porque queramos inspirarnos en el pasado para moldear nuestro concepto de los comunes ni sus pr\u00e1cticas. No vamos a construir una sociedad alternativa sobre la base de la nostalgia y la vuelta a formas sociales que ya han demostrado que no pueden resistir los ataques a los que las someten las relaciones capitalistas. Los nuevos bienes comunes deber\u00e1n ser el producto de nuestra lucha. Mirar, sin embargo, hacia atr\u00e1s nos permite rebatir la afirmaci\u00f3n de que la sociedad de los bienes comunes que proponemos es ut\u00f3pica o un proyecto que solo pueden llevar a cabo peque\u00f1os grupos: los comunes son un marco pol\u00edtico desde el que podemos pensar en las alternativas al capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los comunes han existido durante miles de a\u00f1os y los elementos de una sociedad basada en lo com\u00fan nos siguen acompa\u00f1ando, aunque est\u00e9n sometidos a un ataque constante que, en los \u00faltimos tiempos, se ha intensificado. El desarrollo capitalista requiere la destrucci\u00f3n de las propiedades y las relaciones comunales. Marx habl\u00f3 de \u00abacumulaci\u00f3n primitiva\u00bb para referirse a los \u00abcercamientos\u00bb de los siglos XVI y XVII , que expulsaron de la tierra al campesinado europeo \u2015hecho que da lugar al nacimiento de la sociedad capitalista moderna\u2015. Pero ya sabemos que este no fue un hecho aislado, circunscrito en el espacio y en el tiempo, sino un proceso que se ha desarrollado durante siglos y que contin\u00faa teniendo lugar en el presente. La acumulaci\u00f3n primitiva o, mejor dicho, originaria, es la estrategia que emplea la clase capitalista cada vez que hay una crisis, ya que explotar a los trabajadores y expandir la mano de obra disponible para ser explotada son los m\u00e9todos m\u00e1s eficaces para restablecer el \u00abequilibrio adecuado de poder\u00bb e imponerse en la lucha de clases.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta estrategia se ha desarrollado al extremo y se ha normalizado en la era del neoliberalismo y la globalizaci\u00f3n, haciendo de la acumulaci\u00f3n primitiva y la privatizaci\u00f3n de la commonwealth [riqueza com\u00fan] un proceso permanente, que ahora se extiende a cada \u00e1rea y faceta de nuestra existencia. No solo se apropia de las tierras, los bosques y las pesquer\u00edas para uso comercial, en lo que se asemeja a un nuevo \u00abacaparamiento de tierras\u00bb de proporciones nunca vistas; ahora vivimos en un mundo en el que todo, desde el agua que bebemos hasta las c\u00e9lulas y el genoma de nuestros cuerpos, tiene un precio o est\u00e1n sometidos a una patente. Y no se escatiman esfuerzos para garantizar que las empresas tengan derecho a cercar todos los espacios abiertos que quedan en la tierra y obligarnos a pagar por acceder a ellos. De Nueva Delhi a Nueva York, de Lagos a Los \u00c1ngeles, el espacio urbano se est\u00e1 privatizando. La venta ambulante, sentarse en la acera, tirarse en la playa sin pagar, est\u00e1n siendo prohibidos. Se embalsan los r\u00edos, se talan los bosques, se embotella el agua de fuentes y acu\u00edferos para venderla en el supermercado, se saquean los sistemas tradicionales de conocimiento mediante leyes de propiedad intelectual y las escuelas p\u00fablicas se convierten en empresas comerciales. Por eso la idea de lo com\u00fan tiene tanto atractivo en nuestra imaginaci\u00f3n colectiva; su p\u00e9rdida nos hace m\u00e1s conscientes del significado de su existencia y aviva nuestro deseo de saber m\u00e1s sobre ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>COMUNES Y LUCHA DE CLASES<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de todos los ataques que han sufrido, los comunes no han dejado de existir. Como explica Massimo De Angelis, siempre ha habido comunes \u00abfuera\u00bb del capitalismo que han tenido un papel clave en la lucha de clases, que han nutrido tanto la imaginaci\u00f3n utopista \/ radical como los cuerpos de muchos comuneros<sup>8<\/sup>. Las sociedades de apoyo mutuo organizadas por los obreros, que m\u00e1s adelante fueron desplazadas por el Estado de bienestar, son ejemplos clave de ese \u00abafuera\u00bb<sup>9<\/sup>. Para nosotros tiene m\u00e1s importancia el hecho de que continuamente se est\u00e1n creando nuevos tipos de comunes. Desde el movimiento por el software libre hasta el movimiento de la econom\u00eda social y solidaria, est\u00e1 naciendo todo un mundo de nuevas relaciones sociales basadas en el principio del compartir comunal<sup>10<\/sup>, impulsado por la certeza de que lo \u00fanico que nos tiene reservado el capitalismo es m\u00e1s trabajo, m\u00e1s guerras, m\u00e1s miseria y m\u00e1s divisiones. En efecto, en esta \u00e9poca de crisis permanente y ataques constantes a nuestro empleo, salario y espacios sociales, la construcci\u00f3n de los bienes comunes se est\u00e1 volviendo un medio de supervivencia necesario. No es casualidad que en Grecia hayan aparecido varios sistemas de apoyo mutuo durante los \u00faltimos a\u00f1os, donde las pensiones se han reducido una media de un 30 % y el desempleo ha ascendido al 50 % entre la juventud; se han creado servicios sanitarios gratuitos, algunos campesinos han organizado distribuciones gratuitas de alimentos en los centros urbanos y los electricistas han \u00abarreglado\u00bb los cables que las proveedoras el\u00e9ctricas han cortado por falta de pago.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, debemos resaltar que las iniciativas comunalizadoras que vemos proliferar a nuestro alrededor \u2015los bancos de tiempo, las huertas urbanas, la agricultura sostenida por la comunidad, las cooperativas de consumo, las monedas locales, las licencias Creative Commons, las pr\u00e1cticas de trueque, el intercambio de informaci\u00f3n\u2015 son algo m\u00e1s que diques de contenci\u00f3n contra el asalto neoliberal a nuestros medios de subsistencia. Son experimentos de autosuficiencia y las simientes de un modo de producci\u00f3n alternativo en pleno proceso de creaci\u00f3n. As\u00ed es como deber\u00edamos considerar tambi\u00e9n los movimientos de okupaci\u00f3n que se han formado en muchas periferias urbanas de todo el mundo desde la d\u00e9cada de 1980, que son producto de las expropiaciones de tierras pero tambi\u00e9n son la muestra de que existe una poblaci\u00f3n creciente de habitantes urbanos \u00abdesconectados\u00bb de la econom\u00eda global formal y que est\u00e1 organizando su reproducci\u00f3n fuera del control del Estado y el mercado<sup>11<\/sup>. Como indica Ra\u00fal Zibechi, estas ocupaciones de tierras urbanas se entienden mejor si se ven como un \u00abplaneta de bienes comunes\u00bb en el que las personas ejercen su \u00abderecho a la ciudad\u00bb<sup>12<\/sup> en lugar de como lo describe Mike Davis un \u00abplaneta de ciudades miseria\u00bb<sup>13<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>La resistencia de los pueblos ind\u00edgenas de Am\u00e9rica frente a la progresiva privatizaci\u00f3n de sus tierras ha dado un nuevo impulso a la lucha por los bienes comunes. Si bien la demanda zapatista de una nueva constituci\u00f3n que reconociera la propiedad colectiva ha quedado desatendida, en Venezuela el derecho de los pueblos nativos a utilizar los recursos naturales que hay en sus territorios ha sido reconocido en la nueva constituci\u00f3n de 1999. Tambi\u00e9n en Bolivia, en 2009, se aprob\u00f3 una nueva constituci\u00f3n que reconoce la propiedad comunal. Al citar estos ejemplos, no estamos proponiendo confiar en el aparato legal del Estado para promover la sociedad de los bienes comunes que reivindicamos, lo cual ser\u00eda contradictorio, sino resaltar con qu\u00e9 fuerza se exige desde abajo que se creen nuevas formas de sociabilidad y abastecimiento controladas por la comunidad y organizadas seg\u00fan el principio de la cooperaci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p>COOPTAR Y CERRAR LOS COMUNES<\/p>\n\n\n\n<p>A la vista de los acontecimientos, nuestra tarea es comprender c\u00f3mo podemos conectar estas distintas realidades y, sobre todo, c\u00f3mo podemos asegurarnos de que los comunes que producimos sean realmente transformadores para nuestras relaciones sociales. En efecto, tenemos comunes de los que el Estado se ha apropiado, otros comunes son cerrados, de acceso controlado, son comunes \u00abtras la verja\u00bb y otros incluso producen mercanc\u00edas y est\u00e1n, en definitiva, bajo el control del mercado.<\/p>\n\n\n\n<p>Veamos dos comunes que han sido apropiados. Desde hace a\u00f1os, parte de la clase dominante capitalista internacional (especialmente el Banco Mundial) promueve un plan privatizador m\u00e1s blando que apela al principio de los comunes. Con la excusa de proteger los \u00abcomunes globales\u00bb, por ejemplo, el Banco Mundial ha expulsado de la selva a los pueblos que han vivido all\u00ed durante generaciones para dar acceso a quienes pueden pagarlo, arguyendo que el mercado (en forma de parque l\u00fadico o zona ecotur\u00edstica) es el mejor instrumento de conservaci\u00f3n<sup>14<\/sup>. La ONU tambi\u00e9n defiende el derecho a gestionar el acceso a los recursos mundiales, como la atm\u00f3sfera, los oc\u00e9anos o la selva amaz\u00f3nica, una vez m\u00e1s con la excusa de preservar \u00abla herencia com\u00fan de la humanidad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El comunalismo forma parte de la jerga empleada por los gobiernos para reclutar trabajadores voluntarios. Por ejemplo, el programa Big Society, propuesto por el antiguo primer ministro brit\u00e1nico David Cameron, pretend\u00eda captar la energ\u00eda de la gente para una serie de programas de voluntariado que supuestamente ven\u00edan a compensar los recortes en los servicios sociales impuestos a consecuencia de la crisis. La ruptura ideol\u00f3gica de la Big Society con la tradici\u00f3n introducida por Margaret Thatcher en la d\u00e9cada de 1980 \u2015cuando proclam\u00f3 que \u00abla sociedad no existe\u00bb para seguidamente eliminar hasta los vasos de leche que se daba a los ni\u00f1os como almuerzo en la escuela\u2015, se manifiesta ahora en una serie de leyes, entre las que est\u00e1 la Public Services (Social Value) Act [Ley de servicios p\u00fablicos (valor social)]. Mediante esta legislaci\u00f3n, se indica a las instituciones subvencionadas por el gobierno (desde las guarder\u00edas hasta las bibliotecas y las cl\u00ednicas) que deben reclutar a artistas locales y j\u00f3venes para que participen en actividades que incrementen el \u00abvalor social\u00bb, definido como la contribuci\u00f3n a la cohesi\u00f3n social y la reducci\u00f3n del coste de la reproducci\u00f3n social. Dicho de otro modo, las organizaciones sin \u00e1nimo de lucro que ofrezcan programas para la tercera edad podr\u00edan obtener financiaci\u00f3n del gobierno si logran demostrar que generan cohesi\u00f3n y \u00abvalor social\u00bb, lo que se establece seg\u00fan una aritm\u00e9tica especial que tiene en cuenta las ventajas de una sociedad sostenible desde el punto de vista social y medioambiental insertada en una econom\u00eda capitalista<sup>15<\/sup>. As\u00ed es como las iniciativas comunales para crear formas de existencia solidarias y cooperativas ajenas al control del mercado son subsumidas en un programa que pretende abaratar los costes de la reproducci\u00f3n social y contribuir a la aceleraci\u00f3n del despido de los empleados p\u00fablicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos son dos ejemplos de Estados (nacionales y globales) que utilizan la forma de lo com\u00fan para alcanzar objetivos no comunales. Pero existe un amplio espectro de comunes (desde las comunidades residenciales cerradas hasta ciertas entidades de custodia del territorio y cooperativas de vivienda, pasando por las cooperativas de consumo) en los que sus miembros comparten el acceso a los recursos comunes de manera equitativa y democr\u00e1tica pero son indiferentes, o incluso hostiles, a los intereses de los \u00abforasteros\u00bb. A estos comunes los llamamos comunes \u00abcerrados\u00bb y consideramos que son bastante compatibles con las relaciones capitalistas. De hecho, muchos de ellos funcionan como corporaciones en las que los comuneros son una especie de accionistas. Constituyen un sector de las instituciones en r\u00e1pido crecimiento que se consideran a s\u00ed mismas comunes.<br>Esta clase de comunes surgen de la asunci\u00f3n de que en este periodo neoliberal, en el que triunfa la ideolog\u00eda de mercado, es muy importante que cada cual se proteja de sus \u00abfallos\u00bb y sus \u00abcat\u00e1strofes\u00bb. Los comunes pueden reforzar nuestro poder colectivo para interferir en los mercados. As\u00ed pues, muchas comunidades \u00abcerradas\u00bb tienen piscina com\u00fan, campo de golf, biblioteca, taller de carpinter\u00eda, teatro o aula de inform\u00e1tica. Los comuneros \u00abcerrados\u00bb comparten recursos que resultar\u00edan dif\u00edciles, caros o imposibles de comprar y disfrutar para una sola persona. Pero estos recursos se guardan celosamente para que no los usen los \u00abforasteros\u00bb, especialmente aquellos que no podr\u00edan pagar la a menudo cuantiosa cuota que permite participar en el com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ejemplo de bien com\u00fan \u00abcerrado\u00bb son las cooperativas de vivienda. En Estados Unidos existe m\u00e1s de un mill\u00f3n de unidades habitacionales organizadas en cooperativa. Aunque la mayor\u00eda de ellas siguen los principios de los comunes para sus \u00abaccionistas\u00bb, en muchos casos est\u00e1n obligadas por ley a atender exclusivamente sus intereses econ\u00f3micos. Su cooperaci\u00f3n se limita al plano instrumental y en raras ocasiones asume un car\u00e1cter transformador.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos estos comunes \u00abcerrados\u00bb cubren las necesidades b\u00e1sicas (alimentaci\u00f3n, alojamiento y entretenimiento) de millones de personas cada d\u00eda. As\u00ed es el poder de la acci\u00f3n colectiva; pero no construyen relaciones sociales diferentes. De hecho, puede que profundicen las divisiones raciales y de clase.<\/p>\n\n\n\n<p>COMUNES PRODUCTORES DE MERCANC\u00cdAS<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a los comunes cerrados est\u00e1n tambi\u00e9n los comunes que producen para el mercado. Un ejemplo cl\u00e1sico son las praderas alpinas sin cerco de Suiza, que todos los veranos se convierten en campos de pasto para las vacas lecheras que surten de leche a la industria l\u00e1ctea; la gesti\u00f3n de las praderas recae en las asambleas de productores l\u00e1cteos. Ciertamente, Garrett Hardin no habr\u00eda podido escribir su \u00abtragedia de los comunes\u00bb si hubiera analizado c\u00f3mo llegaba el queso suizo hasta su nevera<sup>16<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro ejemplo de procom\u00fan que produce para el mercado y que se cita con frecuencia es el de los m\u00e1s de mil pescadores de langostas de Maine, que operan en una extensi\u00f3n de cientos de millas de aguas litorales, en las que cada a\u00f1o viven, se reproducen y mueren millones de langostas. Hace m\u00e1s de un siglo, los pescadores organizaron un sistema comunal para compartir la captura de las langostas que se basaba en dos acuerdos: la divisi\u00f3n de la costa en cuatro zonas independientes, cada una de ellas administrada por \u00abcuadrillas\u00bb locales, y la autolimitaci\u00f3n en la cantidad de langostas que se pueden capturar. Este proceso no siempre ha sido pac\u00edfico. Los habitantes de Maine se enorgullecen de ser rudos e individualistas y, en ocasiones, se han roto los acuerdos alcanzados entre las distintas \u00abcuadrillas\u00bb. En esos casos, la violencia ha hecho aparici\u00f3n en la batalla competitiva por ampliar las zonas de pesca asignadas o para acabar con los l\u00edmites de captura. Pero los pescadores no han tardado mucho en aprender que esas luchas aniquilaban la poblaci\u00f3n de langostas y, con el tiempo, han terminado por restablecer el r\u00e9gimen comunal<sup>17<\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta el departamento responsable de la pesca en el estado de Maine acepta ahora esta forma de pesca basada en el procom\u00fan, que durante a\u00f1os ha estado prohibida en tanto vulneraba la legislaci\u00f3n antimonopolio. Una de las razones de este cambio de actitud oficial ha sido el contraste entre el estado de los caladeros de langosta y los de los peces de fondo (bacalao, eglefino, platija y especies similares) en el golfo de Maine y en Georges Bank, un banco de arena situado donde el golfo se abre al oc\u00e9ano. Mientras en el \u00faltimo cuarto de siglo el primero ha conseguido ser sostenible de manera duradera (incluso en varias \u00e9pocas de serias estrecheces econ\u00f3micas), las distintas especies de peces de fondo han sufrido sobrepesca de manera peri\u00f3dica desde los a\u00f1os noventa, forzando una veda en el caladero de Georges Bank que se ha prolongado durante a\u00f1os<sup>18<\/sup>. El fondo de la cuesti\u00f3n es: (1) la diferencia entre la tecnolog\u00eda que se emplea en la pesca de peces de fondo y la que se emplea en la de la langosta y, sobre todo, (2) la diferencia en los lugares en los que se realiza la captura. La pesca de la langosta tiene la ventaja de que los recursos comunes se encuentran cerca de la costa y dentro de las aguas territoriales del estado. Esto hace posible demarcar las zonas que corresponden a las cuadrillas locales, mientras que las aguas profundas de Georges Bank no se prestan tan f\u00e1cilmente al reparto. El hecho de que Georges Bank se encuentre fuera del l\u00edmite territorial de las 20 millas tambi\u00e9n permiti\u00f3 hasta el a\u00f1o 1977, en el que los l\u00edmites territoriales se extendieron a 200 millas, que los pescadores de otras zonas pudieran pescar all\u00ed con sus grandes arrastreros. Antes de 1977 no se les pod\u00eda echar de all\u00ed, lo que contribuy\u00f3 enormemente a agotar el caladero. Por \u00faltimo, la tecnolog\u00eda m\u00e1s bien arcaica que emplean de manera generalizada los pescadores de langostas desalienta la competitividad.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, el \u00abperfeccionamiento\u00bb de la tecnolog\u00eda empleada en la pesca de peces de fondo \u2015\u00abmejores\u00bb redes y equipos electr\u00f3nicos que detectan los peces de forma m\u00e1s \u00abeficaz\u00bb\u2015 ha hecho estragos en un sector que se organiza seg\u00fan el principio de acceso abierto (quien tenga un barco puede pescar). La presencia de tecnolog\u00eda de detecci\u00f3n y captura m\u00e1s avanzada y barata se ha topado con la organizaci\u00f3n competitiva del sector, que se reg\u00eda por el lema: \u00abTodos contra todos y la naturaleza contra todos nosotros\u00bb, lo que ha terminado culminando en la \u00abtragedia de los comunes\u00bb vaticinada por Hardin en 1968.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta contradicci\u00f3n no ha afectado solo a la pesca de fondo de Maine; ha alcanzado a las comunidades pesqueras de todo el planeta, que ahora se ven progresivamente desplazadas por la industrializaci\u00f3n de la pesca y el poder hegem\u00f3nico de los grandes arrastreros, cuyas redes esquilman los oc\u00e9anos<sup>19<\/sup>. Los pescadores de la Isla de Terranova se han enfrentado a una situaci\u00f3n similar a la de Georges Bank con resultados desastrosos para el sustento de sus comunidades.<\/p>\n\n\n\n<p>El procom\u00fan de la langosta es una alternativa significativa a la l\u00f3gica de la competici\u00f3n. Al mismo tiempo, est\u00e1 insertado en el mercado internacional del pescado, que determina su destino en \u00faltima instancia. Si el mercado de la langosta colapsa o el estado decide permitir la perforaci\u00f3n petrolera en la costa del golfo de Maine, el procom\u00fan de la langosta se disolver\u00e1, al no tener autonom\u00eda respecto de las relaciones de mercado.<\/p>\n\n\n\n<p>DEFINIR LOS COMUNES<\/p>\n\n\n\n<p>La existencia de comunes \u00abcerrados\u00bb y comunes que producen mercanc\u00edas demuestra que hay muchas formas de comunes y nos reta a observar qu\u00e9 aspectos de las pr\u00e1cticas de creaci\u00f3n del com\u00fan se identifican como ajenas al Estado y el mercado, y cu\u00e1les son los principios de una organizaci\u00f3n social alternativa al capitalismo. Con este fin, y teniendo en mente las recomendaciones de Massimo De Angelis acerca de establecer \u00abmodelos\u00bb de comunes<sup>20<\/sup>, proponemos algunos criterios extra\u00eddos de las conversaciones mantenidas con otros compa\u00f1eros y las pr\u00e1cticas que hemos conocido durante nuestra actividad pol\u00edtica:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Contribuir a la construcci\u00f3n de nuevos modos de producci\u00f3n a largo plazo; los comunes deben ser espacios aut\u00f3nomos y aspirar a superar las divisiones que existen entre nosotros, as\u00ed como a desarrollar las habilidades necesarias para el autogobierno. Lo que vemos hoy son solo retazos de la nueva sociedad que podr\u00eda ser, del mismo modo que podemos identificar retazos del capitalismo en centros urbanos como, por ejemplo, Florencia en la Europa medieval tard\u00eda, donde ya a mediados del siglo XIV hab\u00eda grandes concentraciones de obreros en la industria textil.<\/li>\n\n\n\n<li>Los comunes se definen por la existencia de una propiedad compartida, en forma de riqueza natural o social compartida \u2015tierras, aguas, bosques, sistemas de conocimiento, aptitudes para cuidar\u2015 para el uso de todos los comuneros, sin distinci\u00f3n alguna, pero que no est\u00e1n a la venta. El acceso equitativo a los medios de (re)producci\u00f3n necesarios debe ser el fundamento de la vida en com\u00fan. Esto es importante porque la existencia de relaciones jer\u00e1rquicas hace que los bienes comunes est\u00e9n m\u00e1s expuestos al cercamiento.<\/li>\n\n\n\n<li>Los comunes no son cosas, son relaciones sociales. Por esta raz\u00f3n hay quienes (como Peter Linebaugh) prefieren hablar de commoning [comunalizaci\u00f3n, hacer-com\u00fan, creaci\u00f3n de procom\u00fan], un t\u00e9rmino que no enfatiza la riqueza material compartida sino el acto de compartir en s\u00ed y los v\u00ednculos de solidaridad que se crean en el proceso<sup>21<\/sup>. La comunalizaci\u00f3n es una pr\u00e1ctica considerada ineficiente desde el punto de vista capitalista. Es la voluntad de dedicar mucho tiempo al trabajo de cooperar, debatir, negociar y aprender a llevar los conflictos y desacuerdos. Pero solo de este modo se puede construir una comunidad en la que las personas comprendan que la interdependencia es esencial.<\/li>\n\n\n\n<li>El funcionamiento de los comunes se basa en el establecimiento de regulaciones, que estipulan c\u00f3mo se va a emplear la riqueza com\u00fan y c\u00f3mo se va a cuidar de ella, es decir, cu\u00e1les deber\u00edan ser los derechos y obligaciones de los comuneros.<\/li>\n\n\n\n<li>Los comunes requieren una comunidad, seg\u00fan el principio \u00absin comunidad no hay comunes\u00bb. Por eso no podemos hablar de \u00abcomunes globales\u00bb, un concepto que presume la existencia de una colectividad global.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>En nombre de la protecci\u00f3n de los \u00abcomunes globales\u00bb y el \u00abpatrimonio com\u00fan de la humanidad\u00bb, el Banco Mundial ha lanzado una nueva ronda de privatizaciones con la que est\u00e1 expulsando a los pueblos de las selvas en las que han vivido durante generaciones<sup>22<\/sup>. En efecto, el Banco Mundial ha asumido el papel de representante de la colectividad global, porque forma parte del sistema de las Naciones Unidas establecido tras la Segunda Guerra Mundial para representar el capitalismo colectivo en todas sus variedades (incluyendo las versiones estatistas de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y la Rep\u00fablica Popular de China). La ONU no se presenta a s\u00ed misma como la voz de un capital colectivo que s\u00ed existe, sino como la representante de una humanidad colectiva que \u00a1no existe! Con esta pretensi\u00f3n, afirma gestionar el acceso a recursos comunes como la atm\u00f3sfera y los oc\u00e9anos en representaci\u00f3n de una humanidad inexistente (\u00bfquiz\u00e1s futura?).<\/p>\n\n\n\n<p>Una prueba del fraude que constituye el concepto de \u00abcomunes globales\u00bb fue el debate que tuvo lugar el 14 de junio de 2012, durante la sesi\u00f3n de ratificaci\u00f3n de la Convenci\u00f3n de las Naciones Unidas sobre el derecho del mar, que pretend\u00eda reglamentar el uso de los oc\u00e9anos m\u00e1s all\u00e1 de la zona econ\u00f3mica exclusiva de doscientas millas que ostentan la mayor\u00eda de las naciones conlitoral oce\u00e1nico. En esta sesi\u00f3n, el antiguo secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, se enfrent\u00f3 con los senadores John Kerry y Richard Lugar. Rumsfeld se opon\u00eda al tratado porque exig\u00eda a las compa\u00f1\u00edas que explotaban los \u00abcomunes\u00bb del oc\u00e9ano (es decir, m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite de doscientas millas) contribuir en un fondo para compensar a los \u00abpa\u00edses menos desarrollados\u00bb, cuyas compa\u00f1\u00edas no cumplen los requisitos tecnol\u00f3gicos o de capital para este tipo de actividad extractiva. Rumsfeld afirm\u00f3 que esa clase de redistribuci\u00f3n de la riqueza es un \u00abprincipio novedoso que, desde mi punto de vista, no tiene l\u00edmites definidos\u00bb y que \u00abpodr\u00eda establecer un precedente para los recursos del espacio exterior\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, Kerry y Lugar abogaron por la ratificaci\u00f3n del tratado, no para proteger los mares de la explotaci\u00f3n capitalista sino porque consideraban que el acuerdo otorgaba a las compa\u00f1\u00edas extractivas un derecho legal inequ\u00edvoco sobre el lecho marino. \u00abLa adhesi\u00f3n a la Convenci\u00f3n del derecho del mar es el \u00fanico modo de proteger e impulsar las demandas de las entidades de Estados Unidos a los abundantes recursos minerales que albergan los fondos marinos\u00bb, se puede leer en una carta, fechada el 13 de junio, dirigida a los senadores Kerry y Lugar de parte de organizaciones entre las que estaban el American Petroleum Institute [Instituto estadounidense del petr\u00f3leo] y la us Chamber of Commerce [C\u00e1mara de Comercio de Estados Unidos]<sup>23<\/sup>. El \u00abdebate\u00bb mantenido por los comuneros globales, Rumsfeld, Kerry y Lugar, trataba de \u00a1si era o no necesario sobornar a aquellos capitalistas que no pueden rascar de las riquezas que ha puesto a disposici\u00f3n el mayor cercamiento espacial de la historia! Esto es lo que pas\u00f3 con el \u00abpatrimonio com\u00fan de la humanidad\u00bb el 14 de junio de 2012.<\/p>\n\n\n\n<p>La designaci\u00f3n \u00abcomunes globales\u00bb es una maniobra fraudulenta que hay que rechazar. Lo mismo ocurre con la designaci\u00f3n como \u00abpatrimonio de la humanidad\u00bb de ciudades y zonas geogr\u00e1ficas seleccionadas por parte de Naciones Unidas, lo que ha exigido que ayuntamientos y gobiernos adopten medidas de \u00abprotecci\u00f3n\u00bb y valorizaci\u00f3n que benefician al sector tur\u00edstico, al tiempo que absorben recursos de otras iniciativas que mejorar\u00edan las condiciones en las que vive la poblaci\u00f3n local.<\/p>\n\n\n\n<ol start=\"6\" class=\"wp-block-list\">\n<li>Los comunes se constituyen sobre la base de la cooperaci\u00f3n social, las relaciones de reciprocidad y la responsabilidad en la reproducci\u00f3n de la riqueza compartida, sea natural o producida. El respeto por las dem\u00e1s personas y la disposici\u00f3n abierta a experiencias heterog\u00e9neas, siempre que sigan las normas de la cooperaci\u00f3n, los distingue de las comunidades cerradas que se pueden entregar a pr\u00e1cticas racistas y excluyentes y a la vez fomentar la solidaridad entre sus miembros.<\/li>\n\n\n\n<li>Los comunes est\u00e1n determinados por la toma de decisiones colectiva, llevada a cabo por medio de asambleas y otras formas de democracia directa. El origen de la toma de decisiones est\u00e1 en el poder popular, el poder que crece de abajo arriba, el poder derivado de la aptitud demostrada y la rotaci\u00f3n continua del liderazgo y la autoridad entre distintas personas en funci\u00f3n de las tareas que haya que realizar. Esto distingue a los comunes del comunismo, que conf\u00eda el poder al Estado. Hacer-com\u00fan es reclamar el poder de tomar decisiones b\u00e1sicas para nuestras vidas y de tomarlas colectivamente. Este aspecto de los comunes es af\u00edn al concepto de horizontalidad acu\u00f1ado durante la revuelta argentina que dio comienzo el 19-20 de diciembre de 2001 y que desde entonces se ha popularizado entre los movimientos sociales, especialmente en Am\u00e9rica Latina. Rompe con la estructura jer\u00e1rquica de los partidos pol\u00edticos, pues las decisiones se toman en asambleas generales (y no en comit\u00e9s centrales predefinidos) en las que se debaten los asuntos con la meta de llegar a un consenso<sup>24<\/sup>.<\/li>\n\n\n\n<li>Los comunes son una perspectiva que promueve el inter\u00e9s com\u00fan en cada aspecto de la vida, as\u00ed como el trabajo pol\u00edtico. Por lo tanto su empe\u00f1o es rechazar las jerarqu\u00edas de la mano de obra y las desigualdades en todas las luchas y priorizar el desarrollo de un sujeto verdaderamente colectivo.<\/li>\n\n\n\n<li>Todas estas caracter\u00edsticas distinguen lo com\u00fan de lo p\u00fablico, que es propiedad del Estado que administra, controla y regula, constituyendo as\u00ed un tipo especial de dominio privado. Esto no quiere decir que no tengamos que luchar para evitar que se privatice lo p\u00fablico. Como terreno intermedio, nos interesa que los intereses comerciales no fagociten lo p\u00fablico, pero no debemos dejar de tener presente esta distinci\u00f3n. No podemos abandonar el Estado, porque es el lugar en el que se acumula la riqueza que hemos producido con nuestro trabajo pasado y presente. Por otra parte, la mayor\u00eda de nosotros todav\u00eda dependemos del capital para nuestra supervivencia, puesto que la mayor\u00eda no tenemos tierra u otros medios de subsistencia. Pero tenemos que trabajar para asegurarnos de que vamos m\u00e1s all\u00e1 del Estado y del capital.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>CONCLUSI\u00d3N<\/p>\n\n\n\n<p>La noci\u00f3n de lo com\u00fan sigue siendo objeto de muchos debates y experimentos. Hay muchas cuestiones sin resolver todav\u00eda, pero es evidente que la comunalizaci\u00f3n va a continuar desarroll\u00e1ndose, ya que ni el Estado ni el mercado pueden garantizar nuestra reproducci\u00f3n. En este escenario, el reto que afrontamos no es c\u00f3mo multiplicar las iniciativas de comunalizaci\u00f3n sino c\u00f3mo poner en el centro de nuestra movilizaci\u00f3n la reapropiaci\u00f3n colectiva de la riqueza que hemos producido y la abolici\u00f3n de las jerarqu\u00edas sociales y la desigualdad. Solo si respondemos a estos imperativos podremos reconstruir las comunidades y garantizar que no se creen comunes a costa del bienestar de otras personas y que no se funden en nuevas formas de colonizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Notas:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>Banco Mundial, \u00abBanco Mundial adopta pol\u00edtica de libre acceso a investigaci\u00f3n y trabajos intelectuales\u00bb, disponible en http:\/\/www.bancomundial.org\/es\/news\/feature\/2012\/04\/10\/bank-publications-and-research-now-easier-to-access-reuse (acceso el 4 de diciembre de 2018).<\/li>\n\n\n\n<li>\u00abElinor Ostrom, Defender of the Commons, Died on June 12th, Aged 78\u00bb The Economist, 30 de junio de 2012, disponible en https:\/\/www.economist.com\/node\/21557717 (acceso el 8 de diciembre de 2018)<br>3 Peter Linebaugh, The Magna Carta Manifesto: Liberties and Commons for All, Berkeley ( ca ), University of California Press, 2008 [ed. cast.: El Manifiesto de la Carta Magna, Madrid, Traficantes de Sue\u00f1os, 2013].<br>4 Iain Boal et al., West of Eden: Communes and Utopia in Northern California, Oakland ( ca ), pm Press, 2012.<br>5 Fred Pearce, The Land Grabbers: The New Fight Over Who Owns the Earth, Boston ( ma ), Beacon Press, 2012.<br>6 Peter Linebaugh, \u00abEnclosures from the Bottom Up\u00bb en David Bollier y Silke Helfrich (eds.), The Wealth of the Commons: A World beyond Market and State, Amherst ( ma ), Levellers Press, 2012, pp. 114-124.<br>7 \u00abCommon Land\u00bb, disponible en http:\/\/naturenet.net\/law\/commonland.html (acceso el 8 de diciembre de 2018)<br>8 Massimo De Angelis, The Beginning of History: Value Struggles and Global Capitalism, Londres, Pluto Press 2007.<br>9 David T. Beito, From Mutual Aid to the Welfare State: Fraternal Societies and Social Services, 1890-1967, Chapel Hill ( nc ), University of North Carolina Press, 2000.<br>10 Bollier y Helfrich, The Wealth of the Commons\u2026<br>11 Ra\u00fal Zibechi, Territories in Resistance: A Cartography of Latin American Social Movements, Oakland ( ca ), ak Press, 2012, p. 190. [ed. cast.: Territorios en resistencia, Carcaixent, Zambra-Baladre, 2012].<br>12 Zibechi, Territories in Resistance\u2026<br>13 Mike Davis, Planet of Slums, Nueva York, Verso, 2006 [ed. cast.: Planeta de ciudades miseria, Jos\u00e9 Mar\u00eda Amoroto (trad.), Madrid, Akal, 2014].<br>14 Ana Isla, \u00abWho Pays for the Kyoto Protocol?\u00bb en Ariel Salleh (ed.), Eco-Sufficiency &amp; Global Justice: Women Write Political Economy, Londres, Pluto Press, 2009.<br>15 Emma Dowling, \u00abThe Big Society, Part 2: Social Value, Measure and the Public Services Act\u00bb, New Left Project, 30 de julio de 2012, acceso el 31 de mayo de 2018 [ya no est\u00e1 disponible].<br>16 Robert McC. Netting, Balancing on an Alp: Ecological Change and Continuity in a Swiss Mountain Community, Cambridge, Cambridge University Press, 1981; Garrett Hardin, \u00abThe Tragedy of the Commons\u00bb, Science 162, n\u00fam. 3859, diciembre de 1968, pp. 1243-1248, disponible en http:\/\/science.sciencemag.org\/content\/sci\/162\/3859\/1243.full.pdf.<br>17 Colin Woodward, The Lobster Coast: Rebels, Rusticators, and the Struggle for a Forgotten Frontier, Nueva York, Penguin Books, 2004.<br>18 Woodward, The Lobster Coast\u2026, pp. 230-231.148<br>19 Mariarosa Dalla Costa y Monica Chilese, Our Mother Ocean: Enclosure, Commons, and the Global Fishermen\u2019s Movement, Brooklyn ( ny ), Common Notions, 2015.<br>20 Massimo De Angelis, Omnia Sunt Communia: On the Commons and the Transformation to Postcapitalism, London, Zed Books, 2017.<br>21 Linebaugh, The Magna Carta Manifesto\u2026, pp. 50-51.150<br>22 Isla, \u00abWho Pays for the Kyoto Protocol?\u00bb, op. Cit.<br>23 Kristina Wong, \u00abRumsfeld Still Opposes Law of the Sea Treaty: Admirals See It as a Way to Settle Maritime Claims\u00bb, Washington Times, 14 de junio de 2012, disponible en http:\/\/www.washingtontimes.com\/news\/2012\/jun\/14\/rumsfeldhits-law-of-sea-treaty\/?page=all (acceso el 8 de diciembre de 2018).<br>24 Marina A. Sitrin, Everyday Revolutions: Horizontalism and Autonomy in Argentina, Londres, Zed Books, 2012.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNES CONTRA Y M\u00c1S ALL\u00c1 DEL CAPITALISMOcon George Caffentzis En nuestra opini\u00f3n, no podemos decir simplemente \u00abNo hay comunes sin comunidad\u00bb. 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